Uno de los argumentos m�s populares y debatidos es el robo por Occidente de las reservas de divisas de Rusia y, en consecuencia, la culpabilizaci�n del gobierno del bloque liberal por haberlas colocado. No soy ni mucho menos partidario del liberalismo, de hecho soy un opositor irreconciliable al mismo, pero aun as� merece la pena llegar al fondo de los mitos y la propaganda.
No tengo conocimientos muy profundos de econom�a, aunque he estudiado los cl�sicos del liberalismo y del marxismo y, con especial celo, las teor�as econ�micas heterodoxas: John Maynard Keynes, Silvio Gesell, Giovanni Arrighi, Friedrich List, Joseph Schumpeter, Leon Walras y, por supuesto, mi favorito, Ezra Pound.
Tengo un libro titulado El fin de la econom�a y varios art�culos sobre el tema. Sin embargo, el campo me resulta poco conocido, y si es interesante es desde un punto de vista filos�fico y sociol�gico. As� que puedo estar equivocado y pido a los expertos m�s entendidos que me corrijan.
La imagen de las reservas de divisas en Occidente se presenta como un transporte de lingotes de oro a cambio de intereses o de alg�n otro mecanismo para obtener medios financieros adicionales de su almacenamiento. Por supuesto, todas las personas versadas en econom�a saben que no ocurri� nada de eso. Nadie transport� lingotes a Occidente.
Pero ya en la primera fase hubo objeciones a colocar las reservas de oro en Occidente: �por qu� retirar fondos de Rusia? Dejemos que los fondos se inyecten en nuestra econom�a. Esto fue argumentado en detalle por nuestros economistas Sergey Glazyev, Valentin Katasonov, Mikhail Delyagin, Mikhail Khazin y otros.
Elvira Nabiullina respondi�:
Si dejamos que entre dinero en la econom�a rusa, esto provocar� inflaci�n y, en consecuencia, un aumento desigual de los precios y de los ingresos. En otras palabras, todo ir� a peor. En cuanto a la junta monetaria, es decir, la r�gida vinculaci�n del rublo a la moneda de reserva mundial (de hecho, al d�lar), todo es as� y Nabiullina tiene raz�n.
Pero hay una salida: el modelo de dos anillos del sistema financiero propuesto por Sergey Glazyev y adoptado m�s tarde por Alexander Galushka – que existi�, como Galushka muestra en su libro Crystal of Growth, bajo Stalin, Roosevelt y Yalmar Schacht.
Siempre que este modelo se aplic� con total independencia del dogma econ�mico dominante, las econom�as de estos pa�ses -con ideolog�as muy diferentes- se dispararon. Recordemos este argumento de los dos anillos, el m�s serio que se puede esgrimir. El resto es inercia sovi�tica o demagogia populista del tipo «dar al pueblo su dinero».
La l�gica de Nabiullina se impuso y las reservas de divisas se colocaron en Occidente, para generar beneficios y no crear inflaci�n. No se escuch� a los economistas patriotas.
Ahora la imagen popular es que el oro ruso ha desaparecido, y tras el inicio de la OME ha sido incautado por los enemigos y corre el peligro de ser entregado al r�gimen de Kiev para que siga matando a nuestros ciudadanos, masacrando no s�lo a los combatientes sino tambi�n a la poblaci�n civil: mujeres, ancianos y ni�os. Resulta que Nabiullina o no es apta o es una traidora. �Pero hab�a oro?
Leamos la definici�n cl�sica: «El oro y las reservas de divisas son activos de gran liquidez que est�n bajo el control de las autoridades monetarias». �Qu� significa esto? Significa que las reservas de divisas no son necesariamente oro o no son oro en absoluto. Son pasivos financieros, valores. Es a�n m�s complicado: se trata de la compra de bonos occidentales y de transacciones financieras complejas.
Las obligaciones asociadas a estos valores se consideran f�rreas, pero eso es en circunstancias normales. Despu�s del OME hubo un estado de emergencia. Este no es el caso. En condiciones normales nadie volar�a un oleoducto. Esto significaba que todas las obligaciones -principalmente las econ�micas- flaqueaban y se derrumbaban.
As� pues, no pusimos algo concreto y tangible en Occidente, sino que nos limitamos a firmar complicados planes financieros. Es mucho menos concreto y tangible que Nord Stream.
S�, los avalamos, pero Occidente tambi�n aval� muchas cosas que no les interesaban. Teniendo esto en cuenta, no hay billones rusos en Occidente, e incluso si hubiera algo, si quisi�ramos avalarlo, no valdr�a nada.
Toda nuestra riqueza se queda con nosotros y sobre todo: nosotros, pase lo que pase, podemos emitir en plena soberan�a – todo el dinero que queramos imprimir. Toda la riqueza es nuestra y disponemos de una cantidad infinita de dinero.
Nabiullina est� justificada, a menos, claro est�, que est� a favor de la victoria y hasta ahora no haya dicho nada en contra de la victoria. Corr�janme si me equivoco.
Nabiullina, sin embargo, tiene un problema diferente: es una firme partidaria del monetarismo y de la pol�tica de caja de conversi�n. Para ella, por tanto, las obligaciones del Banco Central ruso con Occidente, y por tanto con la Fed, son sacrosantas, y la emisi�n monetaria s�lo debe ser de ciclo �nico y estar vinculada a la moneda de reserva.
En este caso -y s�lo en este caso- Rusia debe a Occidente lo que le ha quitado. Es decir, alguien le quit� un recibo, luego quem� su casa, mat� a su familia y le exige el reembolso como si no hubiera pasado nada. Aqu� es donde la monetarista (Nabiullina) tiene un dilema:
Si seguir comport�ndose monetaristamente con el violador y asesino, cumpliendo los acuerdos pase lo que pase;��o dar por rotos los compromisos despu�s de lo que Occidente ha hecho con el oleoducto, con nuestras reservas y en general?
Si se considera que seguimos siendo leales al monetarismo y a las reglas globales que el propio Occidente, que las estableci� antes, acaba de violar burdamente, entonces Rusia no s�lo est� incurriendo en un robo legal, sino tambi�n en la financiaci�n de un enemigo directo para matar al pueblo ruso. Es decir, o patria o monetarismo.
Una segunda elecci�n muy similar. Supongamos que el Banco Central manda a paseo a Occidente y dice que las reservas de oro y divisas depositadas all� simplemente no existen y que Rusia no tiene ninguna obligaci�n de hacerlo. Esto significa que el presupuesto se repondr� con el dinero robado y Ucrania se armar� con fondos impresos en EEUU. Y tendr�n que hacer frente a esto por s� mismos.
Sin embargo, aqu� tambi�n hay un conflicto con la doctrina de la caja de conversi�n: arrojar los fondos devueltos a la econom�a rusa, que pueden ser devueltos con un chasquido de dedos (porque en realidad no hemos regalado nada real), es como desencadenar la inflaci�n, y aqu� es donde el sistema de dos anillos de los economistas patriotas resulta �til.
Poner fondos en el bucle estrat�gico y gastarlos s�lo en defensa, proyectos estrat�gicos e infraestructuras a largo plazo, e impedir que estos fondos adicionales entren en el sistema financiero general, no tendr� ning�n efecto sobre la inflaci�n.
De nuevo, monetarismo o patriotismo.
Hay un punto importante que se�alar aqu�: todo el mundo sabe que la colocaci�n de reservas de divisas no tiene nada que ver con sacar riqueza real del pa�s, ni con oro ni con nada en particular, pero en cualquier caso Rusia es una potencia soberana y puede, dado el segundo circuito, emitir tanta moneda como quiera.
Con las mismas reservas de oro y divisas que consideramos nuestras, o simplemente dejarlas salir y meterlas en el segundo circuito y por robar y manipular este circuito, un castigo especial. Sobre todo porque estamos fuera del CEDH. Robar en el frente de un pa�s en guerra: �cu�l es la pena?
�A qu� me refiero? Si estoy en lo cierto, entonces Nabiullina, siendo monetarista, a�n no ha cometido un error fatal ni un delito. S�lo que ahora el Banco Central y el bloque financiero del gobierno se enfrentan a un verdadero dilema. Ya lo he formulado: monetarismo o vida. Acepte el modelo de dos circuitos y descubrir� de inmediato que Rusia no ha perdido reservas de divisas.
Esto se convertir� inmediatamente en algo glorioso. Esto significa que el gobierno no cometi� ning�n error irreparable en v�speras del OME. Todo se tuvo en cuenta. Nabiullina, el Banco Central y todo el bloque econ�mico gubernamental est�n justificados. Vayan y no pequen m�s (monetarismo).
Sin embargo, este es el momento decisivo en el que Nabiullina debe abandonar el dogma monetarista, la caja de conversi�n. No, a�n no ha perdido reservas de divisas, pero podr�a perderlas. Ahora bien. Si Nabiullina se aferra al dogma monetarista, traicionar� de hecho (�al futuro!) a la patria.
Entonces todo lo que los economistas patri�ticos digan de ella ser� cierto. Pero seamos sinceros: por ahora, su monetarismo a�n no es un crimen. Ma�ana se convertir� en un crimen – o quiz�s s�. O quiz� no.
Prescindamos de Nabiullina. No es necesario que renuncie al liberalismo, a la libertad de mercado o a los vectores generales de la pol�tica financiera (en mi opini�n, podr�a muy bien renunciar a ellos, tanta bondad no se le ahorra, pero eso queda a su discreci�n).
Simplemente es necesario anteponer los intereses del Estado, es decir, la soberan�a, a la comunidad mundial condicional, de la que Occidente se obstina en expulsar a Rusia. No se puede obligar a nadie a hacer algo bueno. �No quieren a Rusia en su sistema? Entonces nos iremos orgullosos, daremos un portazo y diremos: no os debemos nada m�s.
Tenemos que ganar, luego en el mercado ya veremos, quiz� escuchemos a Nabiullina pero s�lo despu�s de la victoria, ahora es el momento de romper. No quer�amos esto, pero Occidente nos ha aislado de s� mismo. En esta situaci�n es una tonter�a insistir en que, pase lo que pase, «formamos parte de Occidente». Ya no lo somos. De hecho, nunca lo fuimos, pero ahora no hay necesidad de fingir. Todo est� muy claro.
Esto es lo que se le pide a Nabiullina en econom�a: s�lo una vuelta al mercantilismo (el monopolio estatal de la actividad econ�mica exterior) y al principio keynesiano de «insularidad econ�mica» (que salv� la econom�a estadounidense bajo el New Deal y en la Segunda Guerra Mundial). Mercantilismo es t�cnicamente sin�nimo de soberan�a econ�mica.
Y, por supuesto, el modelo de emisi�n de dos vueltas: con fines puramente pragm�ticos, para la Victoria.
Y en el resto hay monetarismo (no me gusta, pero si a Nabiullina le gusta y no es fatal para el pa�s, que as� sea), pero a escala limitada. No un liberalismo dogm�tico total, no una caja de conversi�n, sino un mercado en nombre del poder y del pueblo. Un mercado para la Victoria.
Yo ir�a m�s lejos, tan lejos como Pound y Gesell, y abandonar�a por completo el capital a inter�s en favor del socialismo ortodoxo. Pero �sta es s�lo una opini�n discrepante.
He aqu� la salvaci�n de Nabiullina. Sin embargo, la elecci�n es ahora suya: lealtad o traici�n, la jefa del Banco Central est� llamada a resolver el problema por s� misma. S�lo que ahora, el ayer no cuenta. El pasado est� en el pasado y es f�cilmente disculpable, pero �y hoy?
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Traducci�n de Enric Ravello Barber