Henry Kissinger explica c�mo evitar la tercera guerra mundial

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Este art�culo fue publicado por The Economist en la semana de 14 de mayo de 2023.

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Estados Unidos y China deben aprender a convivir. Tienen menos de diez a�os

En Pek�n han llegado a la conclusi�n de que Estados Unidos har� cualquier cosa para mantener a China a raya. En Washington insisten en que China est� tramando desbancar a Estados Unidos como primera potencia mundial. Para un an�lisis aleccionador de este creciente antagonismo -y un plan para evitar que provoque una guerra entre superpotencias- visite el piso 33 de un edificio Art Dec� en el centro de Manhattan, el despacho de Henry Kissinger.

El 27 de mayo Kissinger cumplir� 100 a�os. Nadie vivo tiene m�s experiencia en asuntos internacionales, primero como estudioso de la diplomacia del siglo XIX, m�s tarde como asesor de seguridad nacional y secretario de Estado de Estados Unidos, y durante los �ltimos 46 a�os como asesor y emisario de monarcas, presidentes y primeros ministros. Kissinger est� preocupado. «Ambas partes se han convencido de que la otra representa un peligro estrat�gico», afirma. «Vamos camino de una confrontaci�n entre grandes potencias».

A finales de abril, The Economist habl� con Kissinger durante m�s de ocho horas sobre c�mo evitar que la contienda entre China y Estados Unidos desembocara en una guerra. Hoy en d�a est� encorvado y camina con dificultad, pero su mente es aguda como una aguja. Mientras contempla sus dos pr�ximos libros, sobre inteligencia artificial (IA) y la naturaleza de las alianzas, sigue m�s interesado en mirar hacia delante que en rememorar el pasado.

Kissinger est� alarmado por la creciente competencia entre China y Estados Unidos por la preeminencia tecnol�gica y econ�mica. Incluso mientras Rusia cae en la �rbita de China y la guerra ensombrece el flanco oriental de Europa, teme que la Inteligencia Artificial est� a punto de sobrealimentar la rivalidad chino-estadounidense. En todo el mundo, el equilibrio de poder y la base tecnol�gica de la guerra est�n cambiando tan r�pidamente y de tantas maneras que los pa�ses carecen de un principio establecido sobre el que puedan establecer el orden. Si no encuentran ninguno, pueden recurrir a la fuerza.

«Estamos en la cl�sica situaci�n previa a la Primera Guerra Mundial», afirma, «en la que ninguna de las partes tiene mucho margen de concesi�n pol�tica y en la que cualquier alteraci�n del equilibrio puede acarrear consecuencias catastr�ficas».

Estudiar la guerra un poco m�s

Kissinger es vilipendiado por muchos como belicista por su participaci�n en la guerra de Vietnam, pero considera que el objetivo de su vida es evitar los conflictos entre las grandes potencias. Tras ser testigo de la carnicer�a causada por la Alemania nazi y sufrir el asesinato de 13 parientes cercanos en el Holocausto, se convenci� de que la �nica forma de evitar un conflicto ruinoso es una diplomacia obstinada, idealmente fortificada por valores compartidos.

«Este es el problema que hay que resolver», afirma. «Y creo que me he pasado la vida intentando resolverlo». En su opini�n, el destino de la humanidad depende de que Estados Unidos y China puedan llevarse bien. Cree que el r�pido progreso de la Inteligencia Artificial, en particular, les deja s�lo entre cinco y diez a�os para encontrar un camino.

Kissinger da algunos consejos iniciales a los aspirantes a l�deres: «Identifica d�nde est�s. Sin piedad». Con ese esp�ritu, el punto de partida para evitar la guerra es analizar la creciente inquietud de China. A pesar de su reputaci�n de conciliador con el gobierno de Pek�n, reconoce que muchos pensadores chinos creen que Estados Unidos est� en declive y que, «por tanto, como resultado de una evoluci�n hist�rica, acabar�n suplant�ndonos».

Cree que a los dirigentes chinos les molesta que los responsables pol�ticos occidentales hablen de un orden mundial basado en normas, cuando lo que realmente quieren decir es las normas y el orden de Estados Unidos. Los dirigentes chinos se sienten insultados por lo que consideran un trato condescendiente ofrecido por Occidente, de conceder privilegios a China si se comporta (seguramente piensan que los privilegios deber�an ser suyos por derecho, como potencia emergente). De hecho, algunos en China sospechan que Estados Unidos nunca la tratar� como a un igual y que es una tonter�a imaginar que podr�a hacerlo.

Sin embargo, Kissinger tambi�n advierte del peligro de malinterpretar las ambiciones de China. En Washington, «dicen que China quiere dominar el mundo… La respuesta es que [en China] quieren ser poderosos», afirma. «No se dirigen a la dominaci�n mundial en un sentido hitleriano», afirma. «No es as� como piensan ni han pensado nunca en el orden mundial».

En la Alemania nazi, la guerra era inevitable porque Adolf Hitler la necesitaba, afirma Kissinger, pero China es diferente. Ha conocido a muchos l�deres chinos, empezando por Mao Zedong. No dud� de su compromiso ideol�gico, pero �ste siempre ha estado unido a un agudo sentido de los intereses y capacidades de su pa�s.

Kissinger considera que el sistema chino es m�s confuciano que marxista. Eso ense�a a los l�deres chinos a alcanzar la m�xima fuerza de la que su pa�s es capaz y a tratar de ser respetados por sus logros. Los dirigentes chinos quieren ser reconocidos como los jueces definitivos del sistema internacional para sus propios intereses. «Si lograran una superioridad realmente utilizable, �la llevar�an hasta el punto de imponer la cultura china?», se pregunta. «No lo s�. Mi instinto es No…[Pero] creo que est� en nuestra capacidad evitar que se produzca esa situaci�n mediante una combinaci�n de diplomacia y fuerza.»

Una respuesta natural de Estados Unidos al desaf�o de la ambici�n china es sondearla, como forma de identificar c�mo mantener el equilibrio entre ambas potencias. Otra es establecer un di�logo permanente entre China y Estados Unidos.

China «est� intentando desempe�ar un papel global. Tenemos que evaluar en cada momento si las concepciones de un papel estrat�gico son compatibles». Si no lo son, entonces surgir� la cuesti�n de la fuerza. «�Es posible que China y Estados Unidos coexistan sin la amenaza de una guerra total entre ellos? Yo pensaba y sigo pensando que [s�]». Pero reconoce que el �xito no est� garantizado. «Puede fracasar», afirma. «Y, por tanto, tenemos que ser militarmente lo bastante fuertes para soportar el fracaso».

La prueba urgente es c�mo se comporten China y Estados Unidos respecto a Taiw�n. Kissinger recuerda c�mo, en la primera visita de Richard Nixon a China en 1972, s�lo Mao ten�a autoridad para negociar sobre la isla. «Cada vez que Nixon planteaba un tema concreto, Mao dec�a: ‘Yo soy fil�sofo. No me ocupo de estos temas. Deja que Zhou [Enlai] y Kissinger lo discutan’… Pero cuando se trataba de Taiw�n, era muy expl�cito. Dijo: ‘Son un pu�ado de contrarrevolucionarios. No los necesitamos ahora. Podemos esperar 100 a�os. Alg�n d�a los pediremos. Pero falta mucho».

El Sr. Kissinger cree que el entendimiento forjado entre Nixon y Mao fue anulado despu�s de s�lo 50 de esos 100 a�os por Donald Trump. Quer�a inflar su imagen de dureza arrancando concesiones a China en materia de comercio. En pol�tica, la administraci�n Biden ha seguido el ejemplo de Trump, pero con una ret�rica liberal.

Kissinger no habr�a elegido este camino con respecto a Taiw�n, porque una guerra al estilo ucraniano destruir�a la isla y devastar�a la econom�a mundial. La guerra tambi�n podr�a hacer retroceder a China internamente, y el mayor temor de sus l�deres sigue siendo la agitaci�n interna.

El miedo a la guerra crea motivos para la esperanza. El problema es que ninguna de las partes tiene mucho margen para hacer concesiones. Todos los dirigentes chinos han afirmado la conexi�n de su pa�s con Taiw�n. Al mismo tiempo, sin embargo, «tal y como han evolucionado las cosas ahora, no es una cuesti�n sencilla para Estados Unidos abandonar Taiw�n sin socavar su posici�n en otros lugares».

Para salir de este callej�n sin salida, Kissinger se basa en su experiencia en el cargo. Empezar�a por rebajar la temperatura, y luego, gradualmente, construir�a confianza y una relaci�n de trabajo. En lugar de enumerar todos sus agravios, el presidente estadounidense dir�a a su hom�logo chino: «Se�or Presidente, los dos mayores peligros para la paz en estos momentos somos nosotros dos. En el sentido de que tenemos la capacidad de destruir a la humanidad». China y Estados Unidos, sin anunciar nada formalmente, se propondr�an practicar la moderaci�n.

Kissinger, que nunca ha sido partidario de las burocracias pol�ticas, preferir�a ver a un peque�o grupo de asesores, con f�cil acceso entre s�, trabajando juntos t�citamente. Ninguna de las partes cambiar�a fundamentalmente su posici�n respecto a Taiw�n, pero Estados Unidos tendr�a cuidado con el despliegue de sus fuerzas e intentar�a no alimentar la sospecha de que apoya la independencia de la isla.

El segundo consejo de Kissinger a los aspirantes a l�deres es: «Definir objetivos que puedan alistar a la gente. Encontrar medios, medios descriptibles, de alcanzar esos objetivos». Taiw�n ser�a s�lo la primera de varias �reas en las que las superpotencias podr�an encontrar un terreno com�n y as� fomentar la estabilidad mundial.

En un reciente discurso, Janet Yellen, Secretaria del Tesoro estadounidense, sugiri� que entre ellas se incluyeran el cambio clim�tico y la econom�a. Kissinger se muestra esc�ptico sobre ambas cuestiones. Aunque est� «totalmente a favor» de la acci�n sobre el clima, duda que pueda hacer mucho para crear confianza o ayudar a establecer un equilibrio entre las dos superpotencias. En cuanto a la econom�a, el peligro es que la agenda comercial sea secuestrada por los halcones que no est�n dispuestos a dar a China ning�n margen de desarrollo.

Esa actitud de todo o nada es una amenaza para la b�squeda m�s amplia de la distensi�n. Si Estados Unidos quiere encontrar una forma de convivir con China, no deber�a buscar un cambio de r�gimen. El Sr. Kissinger recurre a un tema presente en su pensamiento desde el principio. «En toda diplomacia de la estabilidad tiene que haber alg�n elemento del mundo del siglo XIX», afirma. «Y el mundo del siglo XIX se basaba en la proposici�n de que la existencia de los estados que lo disputaban no estaba en cuesti�n».

Algunos estadounidenses creen que una China derrotada se volver�a democr�tica y pac�fica. Sin embargo, por mucho que Kissinger prefiriera que China se convirtiera en una democracia, no ve precedentes de ese resultado. Lo m�s probable es que un colapso del r�gimen comunista condujera a una guerra civil que se endureciera hasta convertirse en un conflicto ideol�gico y no hiciera sino aumentar la inestabilidad mundial. «No nos interesa llevar a China a la disoluci�n», afirma.

En lugar de atrincherarse, Estados Unidos tendr� que reconocer que China tiene intereses. Un buen ejemplo es Ucrania.

El presidente chino, Xi Jinping, se ha puesto en contacto recientemente con Volodymyr Zelensky, su hom�logo ucraniano, por primera vez desde que Rusia invadi� Ucrania en febrero del a�o pasado. Muchos observadores han tachado la llamada de Xi de gesto vac�o destinado a aplacar a los europeos, que se quejan de que China est� demasiado cerca de Rusia. Por el contrario, Kissinger lo ve como una declaraci�n de intenciones seria que complicar� la diplomacia en torno a la guerra, pero que tambi�n puede crear precisamente el tipo de oportunidad para construir la confianza mutua de las superpotencias.

Kissinger comienza su an�lisis condenando al presidente ruso, Vladimir Putin. «Al final, Putin cometi� un error de juicio catastr�fico», afirma. Pero Occidente no est� libre de culpa. «Creo que la decisi�n de… dejar abierta la adhesi�n de Ucrania a la OTAN fue muy equivocada». Fue desestabilizador, porque la promesa de protecci�n de la OTAN sin un plan para llevarla a cabo dejaba a Ucrania mal defendida, al tiempo que garantizaba la ira no s�lo de Putin, sino tambi�n de muchos de sus compatriotas.

La tarea ahora es poner fin a la guerra, sin preparar el terreno para la siguiente ronda de conflictos. Kissinger dice que quiere que Rusia ceda la mayor parte posible del territorio que conquist� en 2014, pero la realidad es que en cualquier alto el fuego es probable que Rusia conserve Sebastopol (la ciudad m�s grande de Crimea y la principal base naval rusa en el Mar Negro), como m�nimo. Un acuerdo de este tipo, en el que Rusia pierde algunas conquistas pero conserva otras, podr�a dejar tanto a una Rusia insatisfecha como a una Ucrania insatisfecha.

En su opini�n, es una receta para futuros enfrentamientos. «Lo que dicen ahora los europeos es, en mi opini�n, peligros�simo», afirma. «Porque los europeos est�n diciendo: ‘No los queremos en la OTAN, porque son demasiado arriesgados. Y por tanto, les armaremos hasta los dientes y les daremos las armas m�s avanzadas'». Su conclusi�n es tajante: «Ahora hemos armado a Ucrania hasta el punto de que ser� el pa�s mejor armado y con los dirigentes menos experimentados estrat�gicamente de Europa».

Para establecer una paz duradera en Europa es necesario que Occidente d� dos saltos de imaginaci�n. El primero es que Ucrania se incorpore a la OTAN, como medio de contenerla, adem�s de protegerla. El segundo es que Europa dise�e un acercamiento a Rusia, como forma de crear una frontera oriental estable.

Es comprensible que muchos pa�ses occidentales se opongan a uno u otro de estos objetivos. Con China implicada, como aliada de Rusia y oponente de la OTAN, la tarea ser� a�n m�s dif�cil. China tiene un inter�s primordial en que Rusia salga intacta de la guerra de Ucrania. Xi no s�lo tiene una asociaci�n «sin l�mites» con Putin que cumplir, sino que un colapso de Mosc� supondr�a un problema para China, ya que crear�a un vac�o de poder en Asia Central que correr�a el riesgo de llenarse con una «guerra civil de tipo sirio».

Tras la llamada de Xi a Zelensky, Kissinger cree que China podr�a estar posicion�ndose para mediar entre Rusia y Ucrania. Como uno de los arquitectos de la pol�tica que enfrent� a Estados Unidos y China con la Uni�n Sovi�tica, duda de que China y Rusia puedan trabajar bien juntas. Es cierto que comparten el recelo hacia Estados Unidos, pero tambi�n cree que desconf�an instintivamente el uno del otro. «Nunca he conocido a un dirigente ruso que haya hablado bien de China», afirma. «Y yo nunca he conocido a un l�der chino que dijera algo bueno de Rusia». No son aliados naturales.

Los chinos han entrado en la diplomacia sobre Ucrania como expresi�n de su inter�s nacional, afirma Kissinger. Aunque se niegan a tolerar la destrucci�n de Rusia, reconocen que Ucrania debe seguir siendo un pa�s independiente y han advertido contra el uso de armas nucleares. Puede que incluso acepten el deseo de Ucrania de unirse a la OTAN. «China hace esto, en parte, porque no quiere entrar en conflicto con Estados Unidos», afirma. «Est�n creando su propio orden mundial, en la medida en que pueden».

El segundo �mbito en el que China y Estados Unidos tienen que hablar es el ai. «Estamos al principio de una capacidad en la que las m�quinas podr�an imponer la peste global u otras pandemias», dice, «no s�lo nucleares, sino de cualquier campo de destrucci�n humana».

Reconoce que ni siquiera los expertos en Inteligencia Artificial saben cu�les ser�n sus capacidades (a juzgar por nuestras conversaciones, transcribir un acento alem�n marcado y grave est� todav�a fuera de su alcance). Pero Kissinger cree que la inteligencia artificial se convertir� en un factor clave de la seguridad dentro de cinco a�os. Compara su potencial disruptivo con la invenci�n de la imprenta, que difundi� ideas que contribuyeron a provocar las devastadoras guerras de los siglos XVI y XVII.

«Vivimos en un mundo de una destructividad sin precedentes», advierte Kissinger. A pesar de la doctrina de que debe haber un humano en el bucle, pueden crearse armas autom�ticas e imparables. «Si nos fijamos en la historia militar, podemos decir que nunca ha sido posible destruir a todos tus adversarios, debido a las limitaciones geogr�ficas y de precisi�n. [Ahora] no hay limitaciones. Todo adversario es vulnerable al 100%».

La Inteligencia Artificial no puede abolirse. Por tanto, China y Estados Unidos tendr�n que aprovechar su poder militar hasta cierto punto, como elemento disuasorio. Pero tambi�n pueden limitar la amenaza que representa, del mismo modo que las conversaciones sobre el control de armamentos limitaron la amenaza de las armas nucleares. «Creo que tenemos que empezar a intercambiar sobre el impacto de la tecnolog�a en los dem�s», afirma.

«Tenemos que dar pasos de beb� hacia el control de armas, en los que cada parte presente a la otra material controlable sobre capacidades». De hecho, cree que las propias negociaciones podr�an ayudar a crear la confianza mutua que permita a las superpotencias practicar la moderaci�n. El secreto est� en unos l�deres lo bastante fuertes y sabios como para comprender que no hay que llevar el ai al l�mite. «Y si luego conf�as enteramente en lo que puedes conseguir a trav�s del poder, es probable que destruyas el mundo».

El tercer consejo de Kissinger para los aspirantes a l�deres es «vincular todo esto a sus objetivos internos, sean cuales sean». Para Estados Unidos, eso implica aprender a ser m�s pragm�tico, centrarse en las cualidades del liderazgo y, sobre todo, renovar la cultura pol�tica del pa�s.

El modelo de pensamiento pragm�tico de Kissinger es India. Kissinger recuerda un acto en el que un alto cargo de la administraci�n india explic� que la pol�tica exterior debe basarse en alianzas no permanentes adaptadas a los problemas, en lugar de atar a un pa�s a grandes estructuras multilaterales.

Este enfoque transaccional no es natural en Estados Unidos. El tema que recorre la �pica historia de las relaciones internacionales del Sr. Kissinger, «Diplomacy», es que Estados Unidos insiste en describir todas sus principales intervenciones exteriores como expresiones de su destino manifiesto de rehacer el mundo a su propia imagen como sociedad libre, democr�tica y capitalista.

El problema para Kissinger es el corolario, que consiste en que los principios morales anulan con demasiada frecuencia los intereses, incluso cuando no producen cambios deseables. Reconoce que los derechos humanos son importantes, pero no est� de acuerdo con situarlos en el centro de su pol�tica. La diferencia est� entre imponerlos o decir que afectar�n a las relaciones, pero la decisi�n es suya.

«Intentamos [imponerlos] en Sud�n», dice. «Mira Sud�n ahora». De hecho, la insistencia visceral en hacer lo correcto puede convertirse en una excusa para no pensar en las consecuencias de la pol�tica, afirma. Las personas que quieren utilizar el poder para cambiar el mundo actual, argumenta Kissinger, suelen ser idealistas, y los realistas se les unen por instinto.

India es un contrapeso esencial al creciente poder de China. Pero tambi�n tiene un historial cada vez peor de intolerancia religiosa, parcialidad judicial y una prensa amordazada. Una implicaci�n -aunque Kissinger no lo coment� directamente- es que India ser�, por tanto, una prueba de si Estados Unidos puede ser pragm�tico. Jap�n ser� otra. Las relaciones ser�n tensas si, como predice Kissinger, Jap�n toma medidas para conseguir armas nucleares en un plazo de cinco a�os. Con un ojo puesto en las maniobras diplom�ticas que m�s o menos mantuvieron la paz en el siglo XIX, espera que Gran Breta�a y Francia ayuden a Estados Unidos a pensar estrat�gicamente sobre el equilibrio de poder en Asia.

Se buscan grandes zapateros

El liderazgo tambi�n es importante. Kissinger cree desde hace tiempo en el poder de los individuos. Franklin D. Roosevelt fue lo suficientemente previsor como para preparar a unos Estados Unidos aislacionistas para lo que �l consideraba una guerra inevitable contra las potencias del Eje. Charles de Gaulle hizo que Francia creyera en el futuro. John F. Kennedy inspir� a una generaci�n. Otto von Bismarck logr� la unificaci�n alemana y gobern� con destreza y moderaci�n, pero su pa�s sucumbi� a la fiebre de la guerra tras su derrocamiento.

Kissinger reconoce que las noticias 24 horas y las redes sociales dificultan su estilo de diplomacia. «No creo que un presidente de hoy pudiera enviar un emisario con los poderes que yo ten�a», afirma. Pero argumenta que agonizar sobre si un camino a seguir es siquiera posible ser�a un error. «Si nos fijamos en los l�deres a los que he respetado, no se hicieron esa pregunta. Se preguntaban: ‘�Es necesario?».

Recuerda el ejemplo de Winston Lord, miembro de su equipo en la administraci�n Nixon. «Cuando intervenimos en Camboya, quiso dimitir. Y yo le dije: ‘Puedes renunciar y marchar por aqu� llevando una pancarta. O puedes ayudarnos a resolver la guerra de Vietnam’. Y decidi� quedarse… Lo que necesitamos es gente que tome esa decisi�n: que viva en esta �poca y quiera hacer algo al respecto, aparte de compadecerse de s� misma».

El liderazgo refleja la cultura pol�tica de un pa�s. A Kissinger, como a muchos republicanos, le preocupa que la educaci�n estadounidense se centre en los momentos m�s oscuros del pa�s. «Para tener una visi�n estrat�gica necesitas tener fe en tu pa�s», afirma. Se ha perdido la percepci�n compartida de la val�a de Estados Unidos».

Tambi�n se queja de que los medios de comunicaci�n carecen de sentido de la proporci�n y del juicio. Cuando �l estaba en el cargo, la prensa era hostil, pero �l segu�a dialogando con ellos. «Me volv�an loco», dice. «Pero eso formaba parte del juego… no eran injustos». Hoy, en cambio, dice que los medios no tienen ning�n incentivo para ser reflexivos. «Mi tema es la necesidad de equilibrio y moderaci�n. Institucionalizar eso. �se es el objetivo».

Pero lo peor de todo es la propia pol�tica. Cuando Kissinger lleg� a Washington, los pol�ticos de ambos partidos cenaban juntos habitualmente. Se llevaba bien con George McGovern, candidato dem�crata a la presidencia. Para un asesor de seguridad nacional del otro bando eso ser�a improbable hoy en d�a, cree. Gerald Ford, que asumi� el cargo tras la dimisi�n de Nixon, era el tipo de persona en quien sus oponentes pod�an confiar para actuar decentemente. Hoy, cualquier medio se considera aceptable.

«Creo que Trump y ahora Biden han llevado [la animosidad] al l�mite», afirma Kissinger. Teme que una situaci�n como la del Watergate pueda desembocar en una violencia generalizada y que Estados Unidos carezca de liderazgo. «No creo que Biden pueda servir de inspiraci�n y… espero que los republicanos puedan presentar a alguien mejor», afirma. «No es un gran momento hist�rico», lamenta, «pero la alternativa es la abdicaci�n total».

Estados Unidos necesita desesperadamente un pensamiento estrat�gico a largo plazo, opina. «�se es nuestro gran reto, que debemos resolver. Si no lo hacemos, las predicciones de fracaso se demostrar�n ciertas».

Si el tiempo apremia y falta liderazgo, �d�nde quedan las perspectivas de que China y Estados Unidos encuentren una forma de convivir en paz?

«Todos tenemos que admitir que estamos en un mundo nuevo», afirma Kissinger, «porque cualquier cosa que hagamos puede salir mal. Y no hay un rumbo garantizado». Aun as�, dice sentir esperanza. «Mire, mi vida ha sido dif�cil, pero eso da pie al optimismo. Y la dificultad tambi�n es un reto. No deber�a ser siempre un obst�culo».

Subraya que la humanidad ha dado pasos de gigante. Es cierto que ese progreso se ha producido a menudo tras terribles conflictos -despu�s de la Guerra de los Treinta A�os, las guerras napole�nicas y la segunda guerra mundial, por ejemplo-, pero la rivalidad entre China y Estados Unidos podr�a ser diferente. La historia sugiere que, cuando dos potencias de este tipo se enfrentan, el resultado normal es un conflicto militar. «Pero �sta no es una circunstancia normal», argumenta Kissinger, «debido a la destrucci�n mutua asegurada y a la inteligencia artificial».

«Creo que es posible crear un orden mundial sobre la base de reglas a las que podr�an unirse Europa, China e India. Eso ya es una buena tajada de la humanidad… As� que, si nos fijamos en su viabilidad, puede acabar bien o, al menos, puede acabar sin cat�strofes».

Esa es la tarea de los l�deres de las superpotencias actuales. «Immanuel Kant dijo que la paz llegar�a o bien a trav�s del entendimiento humano o bien a trav�s de una cat�strofe», explica Kissinger. «Pensaba que se producir�a a trav�s de la raz�n, pero no pod�a garantizarlo. Eso es m�s o menos lo que yo pienso».

As� pues, los l�deres mundiales tienen una gran responsabilidad. Necesitan realismo para afrontar los peligros que se avecinan, visi�n para ver que la soluci�n est� en lograr un equilibrio entre las fuerzas de sus pa�ses y moderaci�n para abstenerse de utilizar al m�ximo sus poderes ofensivos. «Se trata de un reto sin precedentes y de una gran oportunidad», afirma Kissinger.

El futuro de la humanidad depende de que lo hagamos bien». Bien entrada la cuarta hora de la conversaci�n del d�a, y a pocas semanas de la celebraci�n de su cumplea�os, Kissinger a�ade con su brillo caracter�stico: «No estar� para verlo de ninguna de las maneras.» ?

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