¿De qué hablaron Carlson y Putin? | Un golpe universal a la censura

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La entrevista entre Tucker Carlson y Vladimir Putin cubrió una variedad de temas históricos y geopolíticos, centrándose principalmente en el contexto histórico de las relaciones y las disputas territoriales entre Rusia y Ucrania.

La Historia

Putin proporcionó una descripción histórica detallada para argumentar que los territorios que actualmente constituyen Ucrania tienen profundos vínculos históricos con Rusia, que se remontan al período medieval cuando el Estado ruso comenzó a formarse alrededor de ciudades clave como Novgorod y Kiev.

Putin trazó la evolución del Estado ruso desde la invitación del príncipe varangiano Rurik a gobernar en Novgorod en 862, lo que marcó el comienzo del gobierno ruso centralizado. Discutió hitos importantes como el bautismo de Rusia en 988 bajo el príncipe Vladimir y la expansión y consolidación gradual de los territorios rusos bajo varios gobernantes.

La narrativa incluía la fragmentación de Rusia debido a cuestiones de sucesión interna y presiones externas, en particular la invasión mongola, que llevó a que partes de las tierras rusas quedaran bajo el control del Imperio mongol, y más tarde la influencia del Gran Ducado de Lituania y la Commonwealth polaco-lituana.

Enfatizó los esfuerzos de polonización de Polonia y la posterior resistencia y deseo de autonomía o reintegración a Rusia por parte de la población de estos territorios.

Putin destacó el Acuerdo de Pereyaslav de 1654 como un momento crucial en el que ciertos territorios ucranianos buscaron la protección de Moscú contra la dominación polaca, lo que llevó a su incorporación al Imperio ruso. También se refirió a la influencia de potencias externas como Austria y Alemania en la promoción del nacionalismo ucraniano como medio para debilitar a Rusia.

La conversación luego pasó a la historia más reciente, incluido el papel de los bolcheviques en el establecimiento de la Ucrania soviética y la transferencia arbitraria de territorios por parte de los líderes soviéticos, que, según Putin, no tenía ninguna base histórica para ser parte de Ucrania.

Argumentó que estos contextos históricos justifican los reclamos e intereses de Rusia en Ucrania, descartando la idea de una agresión repentina o no provocada hacia Ucrania en el período contemporáneo.

La narrativa de Putin tenía como objetivo proporcionar una justificación histórica para las acciones y reclamos de Rusia, sugiriendo una conexión histórica y cultural de larga data entre los territorios rusos y ucranianos.

Las preguntas de Tucker Carlson buscaban aclarar la relevancia de esta perspectiva histórica para los acontecimientos y decisiones actuales sobre Ucrania.

En esta parte de la entrevista, Vladimir Putin aborda la pregunta de Tucker Carlson sobre por qué no afirmó que Ucrania no era un país real durante sus primeros 22 años como presidente. Putin responde destacando el contexto histórico en el que se formó la Ucrania soviética, enfatizando que fue una construcción artificial moldeada por Lenin y luego expandida bajo Stalin.

Señala que territorios como la región del Mar Negro, que habían sido adquiridos a través de las guerras ruso-turcas y que históricamente se conocían como «Nueva Rusia» o Novorossiya, fueron incluidos en la Ucrania soviética, una decisión que carecía de precedentes históricos.

Putin critica la política de ucranización e indigenización seguida por la Unión Soviética, que promovió lenguas y culturas nacionales dentro de sus repúblicas, incluida Ucrania. Sostiene que estas políticas contribuyeron a la creación artificial y al desarrollo de una identidad nacional ucraniana separada de la rusa.

Respecto al período posterior a la Segunda Guerra Mundial, Putin señala que Ucrania amplió su territorio a costa de países vecinos como Polonia, Hungría y Rumania, adquiriendo tierras que históricamente no le pertenecían. Sugiere que, desde esta perspectiva, Ucrania puede considerarse un Estado artificial creado según la voluntad de Stalin.

Cuando se le preguntó sobre los derechos de países como Hungría a reclamar territorios otorgados a Ucrania, Putin expresa comprensión por tales reclamos, dado el contexto histórico de los cambios territoriales bajo Stalin. Sin embargo, aclara que nunca ha discutido la cuestión de la recuperación territorial con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ni ha sugerido que Hungría tenga derecho a partes de Ucrania.

Putin comparte una anécdota personal de un viaje por carretera a principios de la década de 1980 para ilustrar la presencia y preservación cultural de los húngaros en Ucrania occidental, destacando la complejidad de las identidades nacionales y las fronteras históricas de la región.

Sus respuestas enfatizan la fluidez histórica de las fronteras y las identidades nacionales en Europa del Este, lo que sugiere una justificación para cuestionar la actual integridad territorial de Ucrania basándose en precedentes históricos.

Su narrativa busca enmarcar la creación y expansión territorial de Ucrania como un producto de las políticas soviéticas, implicando que las fronteras y la identidad nacional del estado moderno no son del todo legítimas.

En esta parte de la entrevista, Vladimir Putin profundiza en el contexto histórico que rodeó la disolución de la Unión Soviética y la formación de una Ucrania independiente, haciendo hincapié en la pérdida de territorios que Rusia había «otorgado generosamente» a Ucrania. Expresa confusión sobre las decisiones tomadas por los entonces líderes rusos, que cree que se basaron en suposiciones de historia, cultura, idioma y vínculos económicos compartidos que garantizarían buenas relaciones entre Rusia y Ucrania.

La Expansión de la OTAN

Putin critica la expansión de la OTAN después de 1991, argumentando que contradecía las garantías dadas a Rusia y representaba un fracaso en incluir a Rusia en un nuevo sistema de seguridad europeo. Menciona la advertencia de Egon Bahr sobre la expansión de la OTAN y la posibilidad de que las tensiones de la Guerra Fría se reaviven más cerca de las fronteras de Rusia, destacando las oportunidades perdidas para crear un marco de seguridad que incluyera a Rusia, Estados Unidos, Canadá y países de Europa Central.

La discusión pasa a las razones por las que las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se deterioraron después del colapso de la Unión Soviética. Putin sugiere que Occidente teme menos a una Rusia fuerte que a una China fuerte debido a las enormes diferencias en población y potencial económico.

Lamenta la oportunidad perdida para que Rusia se integre en las «naciones civilizadas» tras la disolución de la Unión Soviética, señalando las repetidas expansiones de la OTAN a pesar de las promesas en contrario.

Putin relata los intentos de Rusia de colaborar con Occidente y Estados Unidos, mencionando los esfuerzos de Yeltsin y el giro negativo en las relaciones tras el bombardeo de Yugoslavia por la OTAN.

Él interpreta esto como una traición y un desprecio del derecho internacional por parte de Occidente. Putin también comparte una anécdota personal sobre la discusión sobre la membresía de la OTAN con el entonces presidente Bill Clinton, destacando un momento de apertura que finalmente no condujo a ninguna parte.

En todo momento, Putin posiciona a Rusia como un país que buscó la cooperación y la integración con Occidente pero fue rechazado y engañado, lo que llevó al estado actual de las relaciones internacionales. Esta narrativa sirve para justificar la postura y las acciones de Rusia en el escenario internacional, retratando a Rusia como una víctima de las políticas occidentales y de las promesas incumplidas.

En este segmento de la entrevista, Vladimir Putin aborda la pregunta de Tucker Carlson sobre si habría considerado seriamente unirse a la OTAN si Occidente hubiera sido receptivo.

Putin indica que una respuesta positiva de Occidente podría haber iniciado un proceso de acercamiento, lo que podría llevar a que Rusia se uniera a la OTAN, pero enfatiza que el rechazo total dejó en claro que no había voluntad por parte de Occidente de integrar a Rusia en la alianza.

Refuta la idea de que está amargado por la respuesta de Occidente y, en cambio, la presenta como una simple comprensión de que Rusia no era bienvenida en las estructuras occidentales. Sugiere que la renuencia de Occidente a incluir a Rusia en la OTAN probablemente se debió al temor de integrar a un país grande con sus propias perspectivas y políticas.

Critica la dinámica dentro de la OTAN, destacando el papel dominante de Estados Unidos y la naturaleza dócil de otros estados miembros, incluso cuando no están de acuerdo con ciertas decisiones.

Además, analiza el contexto más amplio de los intentos de Rusia de construir relaciones con Occidente, incluso durante los acontecimientos en el Medio Oriente y la cuestión del separatismo y el terrorismo en el Cáucaso Norte. Afirma que, a pesar de asegurar lo contrario, Estados Unidos siguió apoyando a la oposición y a los movimientos separatistas en Rusia, socavando la confianza entre los dos países.

Putin relata una interacción específica con un presidente estadounidense en la que presentó pruebas de este apoyo, lo que dio lugar a un intercambio improductivo que subrayó la imposibilidad de cooperación en estos asuntos.

Esta conversación destaca la perspectiva de Putin sobre las oportunidades fallidas de estrechar lazos entre Rusia y Occidente, atribuyendo el fracaso a una falta de voluntad genuina por parte de Occidente de tratar a Rusia como un socio igualitario y de respetar sus preocupaciones de seguridad y soberanía política.

En esta parte de la entrevista, Vladimir Putin analiza varios puntos clave relacionados con la relación de Rusia con Occidente, la expansión de la OTAN y la dinámica política dentro de Ucrania:

El Sistema de Defensa Antimisiles (ABM) de EE.UU. y la propuesta de Rusia: Relata su propuesta a los EE.UU. para que Rusia, Estados Unidos y Europa creen conjuntamente un sistema de defensa antimisiles. Sostiene que un sistema unilateral de Estados Unidos amenaza la seguridad de Rusia. A pesar del interés inicial, Estados Unidos finalmente rechazó la propuesta de Rusia, lo que llevó a Rusia a desarrollar sus propios sistemas de ataque hipersónico para contrarrestar la amenaza percibida.

Expansión de la OTAN: Putin retoma la cuestión de la expansión de la OTAN hacia el Este, enfatizando las promesas incumplidas de no expandirse «ni un centímetro hacia el Este». Destaca en particular la declaración de la cumbre de Bucarest de 2008 que abrió las puertas de la OTAN a Ucrania y Georgia, que considera una amenaza directa a Rusia. Putin describe la falta de garantías sólidas y la influencia de la presión estadounidense sobre los miembros europeos de la OTAN, lo que sugiere una desconexión entre las promesas hechas y las acciones posteriores.

Dinámica política en Ucrania: Describe el contexto histórico del panorama político de Ucrania, centrándose en el giro hacia el este hacia la OTAN y la UE, que percibe como contrario a acuerdos anteriores y perjudicial para las relaciones entre Rusia y Ucrania. Narra la serie de acontecimientos que condujeron a las protestas de Maidan de 2014 y al derrocamiento de Viktor Yanukovich, enmarcándolos como un golpe de estado apoyado por Occidente. Putin cuestiona la legitimidad de los procesos políticos en Ucrania, especialmente la influencia externa y el desprecio por las normas constitucionales y políticas de Ucrania.

La narrativa de Putin subraya su visión de que las acciones de Occidente socavan la seguridad y los intereses de Rusia, especialmente en el contexto de la expansión de la OTAN y la agitación política en Ucrania. Presenta a Rusia reaccionando a la defensiva ante estos desafíos, en lugar de ser el agresor.

La situación en Ucrania

Putin enfatiza la profunda integración económica entre Rusia y Ucrania, arraigada en vínculos de cooperación históricos de la era soviética. Esta interdependencia económica se vio interrumpida por el golpe de 2014 en Ucrania.

Acusa a la CIA de respaldar el golpe de 2014 en Ucrania y critica a Estados Unidos por su papel en la escalada de tensiones. Describe esto como un error estratégico de Estados Unidos, que condujo a un conflicto innecesario y a la pérdida de Crimea ante Rusia.

La narrativa revisa la expansión de la OTAN hacia el este, particularmente la declaración de 2008 para abrir puertas a Ucrania y Georgia. Putin expresa su frustración por la falta de garantías fiables contra la expansión de la OTAN y el desarrollo militar de Ucrania.

Putin señala la negativa del actual liderazgo ucraniano a implementar los Acuerdos de Minsk, destinados a resolver pacíficamente el conflicto en Donbass. También acusa a los ex líderes europeos de engañar a Rusia sobre sus intenciones de implementar estos acuerdos.

Según Putin, el detonante de las acciones militares de Rusia en 2022 fue la negativa inequívoca de Ucrania a adherirse a los Acuerdos de Minsk y la preparación de una acción militar contra Donbass. Enmarca la intervención como un intento de detener la guerra iniciada por Ucrania en 2014, no de iniciar una nueva.

Putin menciona la desnazificación como uno de los objetivos de la intervención rusa, criticando la presencia de movimientos neonazis en Ucrania. Relata un intento fallido de negociación en Estambul, donde acordó retirar las tropas rusas de Kiev como condición previa para las conversaciones de paz, sólo para ver a Ucrania abandonar los acuerdos y prepararse para un conflicto militar prolongado con el apoyo de Occidente.

En todo momento, Putin posiciona a Rusia como una reacción defensiva para proteger sus intereses y a las poblaciones de habla rusa en Ucrania, culpando a Occidente y al gobierno ucraniano por la escalada de tensiones y la violación de acuerdos.

La desnazificación y las relaciones con Occidente

Define la desnazificación como un proceso para eliminar la glorificación y promoción de los colaboradores nazis y las ideologías neonazis en Ucrania. Critica a Ucrania por elevar a la categoría de héroes nacionales a figuras como Stepan Bandera y Roman Shukhevych, que colaboraron con la Alemania nazi. Putin sostiene que estas acciones son parte de una búsqueda problemática de una identidad nacional que se basa en un legado divisivo y odioso.

Analiza el contexto histórico del nacionalismo ucraniano y su compleja relación con Rusia, Polonia y las poblaciones judías. Señala casos en los que el nacionalismo ucraniano se ha cruzado con el neonazismo, sugiriendo que representa una amenaza no sólo para los rusos étnicos sino también para los valores fundamentales de los Estados europeos modernos.

Cuando se le preguntó sobre la viabilidad de la desnazificación en territorios que no están completamente bajo control ruso, Putin menciona las negociaciones en Estambul donde supuestamente ambas partes acordaron legislar contra el cultivo del neonazismo en Ucrania. Esto, según Putin, demuestra que es posible abordar la cuestión por medios diplomáticos y legislativos.

Revela que hubo negociaciones avanzadas destinadas a resolver el conflicto, que fracasaron después de que Rusia reposicionó sus tropas lejos de Kiev. Acusa a Ucrania y a sus patrocinadores occidentales de abandonar estos acuerdos y optar por un conflicto prolongado. Además, Putin señala que el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky ha prohibido legalmente las negociaciones con Rusia, lo que complica los esfuerzos de paz.

Biden

Putin reflexiona sobre sus comunicaciones con el presidente estadounidense Joe Biden antes de la escalada del conflicto en 2022, expresando su opinión de que Estados Unidos cometió un error histórico al apoyar las acciones de Ucrania y alejar a Rusia.

Destaca sus esfuerzos pasados para colaborar con Estados Unidos en cuestiones de seguridad, como la defensa antimisiles, y sugiere que estas propuestas fueron finalmente rechazadas.

Reconoce que no ha hablado directamente con Biden desde antes del inicio del conflicto en 2022, aunque se han mantenido algunos contactos entre ambos países. Sugiere preguntar directamente a Biden cuál es su perspectiva sobre su última conversación.

A lo largo de la entrevista, Putin posiciona a Rusia como defensora de la verdad histórica y la gobernanza ética contra lo que él percibe como una glorificación del nazismo en Ucrania. Describe el conflicto como una respuesta necesaria a estas cuestiones, al tiempo que expresa frustración por el fracaso de los esfuerzos diplomáticos y el papel de los países occidentales en la perpetuación del conflicto.

El potencial de una escalada hacia un conflicto global

Putin sugiere que si Estados Unidos realmente quiere detener el conflicto, debería dejar de suministrar armas a Ucrania. Cree que sin apoyo militar externo, el conflicto concluiría en unas semanas, lo que permitiría negociaciones sobre términos de paz.

Descarta la noción de una Rusia expansionista que amenace a países de la OTAN como Polonia o Letonia, afirmando que Rusia no tiene ningún interés en tales acciones.

Subraya que una guerra global sería catastrófica y va en contra del sentido común. El temor de que Rusia utilice armas nucleares tácticas o se expanda militarmente a territorios de la OTAN, según Putin, es una táctica para intimidar y extraer más fondos de los contribuyentes en Estados Unidos y Europa.

En respuesta a los comentarios del senador estadounidense Chuck Schumer sobre la necesidad del apoyo de Estados Unidos a Ucrania para evitar la participación estadounidense directa, Putin califica esto como una provocación.

Se pregunta por qué los soldados estadounidenses necesitarían luchar en Ucrania, y señala la presencia de mercenarios de varios países, incluido Estados Unidos, en el conflicto. Putin sostiene que enviar tropas estadounidenses regulares a Ucrania agravaría peligrosamente la situación.

Aboga por negociaciones con Rusia, reconociendo los intereses rusos y buscando soluciones a través del diálogo. Cuestiona el enfoque de Estados Unidos en el conflicto dados sus propios problemas internos, sugiriendo que llegar a un acuerdo con Rusia es un enfoque más racional.

Pide un cese del suministro de armas a Ucrania y aboga por el diálogo y el respeto de los intereses de Rusia como caminos a seguir para evitar una mayor escalada y un posible conflicto global.

Los cambios económicos globales y el dólar

Aboga por un enfoque global unificado para la seguridad, enfatizando los peligros de un mundo dividido. Compara las tensiones geopolíticas actuales con una enfermedad grave y sugiere que el mundo debería operar como una entidad única para garantizar la estabilidad y la seguridad para todos, no sólo para los «mil millones de oro».

Critica el uso del dólar estadounidense como herramienta en las luchas de política exterior, argumentando que tales acciones socavan la posición global del dólar. Señala que las sanciones y restricciones a las transacciones han llevado a los países, incluida Rusia, a reducir su dependencia del dólar. Como prueba de esta tendencia se destaca el cambio hacia el comercio en otras monedas, como el yuan.

Sostiene que las sanciones han debilitado inadvertidamente el poder económico de Estados Unidos al obligar a los países a buscar alternativas al dólar. Señala el error estratégico de utilizar el dólar como arma política, lo que ha llevado a una reducción significativa de su uso en las transacciones de comercio exterior de Rusia.

Se observa el cambio del comercio dominado por el dólar a transacciones en rublos y yuanes, y Putin cuestiona la sabiduría de las políticas estadounidenses que han acelerado esta tendencia. Advierte que tales políticas son perjudiciales para la economía estadounidense y su influencia global.

Al abordar el temor al dominio económico chino, particularmente dentro del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), Putin descarta estas preocupaciones por considerarlas exageradas. Destaca la larga historia de cooperación y coexistencia entre Rusia y China, destacando la filosofía de política exterior no agresiva de China y los beneficios mutuos de su relación económica.

Putin observa que los países europeos y Estados Unidos también están profundamente comprometidos económicamente con China, a pesar de las preocupaciones sobre la soberanía y el dominio económico. Sugiere que los esfuerzos por limitar la cooperación con China son contraproducentes para Occidente.

En general, Putin retrata una visión de cooperación económica y de seguridad global que trasciende las divisiones geopolíticas actuales. Critica las políticas occidentales que, en su opinión, socavan la estabilidad global y la interdependencia económica, y aboga por un enfoque más inclusivo y racional de las relaciones internacionales.

Destaca la relación comercial exitosa y equilibrada entre Rusia y China, señalando que su comercio bilateral ha superado su objetivo, alcanzando entre 230 y 240 mil millones de dólares. Destaca los beneficios mutuos y la complementariedad de esta relación, que abarca los sectores de alta tecnología, energía, investigación científica y desarrollo.

Señala el crecimiento significativo de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) en comparación con las naciones del G7 en las últimas décadas. Atribuye este cambio a tendencias objetivas de desarrollo global, argumentando que los países BRICS ahora tienen una participación mayor en la economía global que el G7, independientemente de la situación en Ucrania.

Critica a Estados Unidos por intentar adaptarse a los cambios globales mediante acciones contundentes, incluidas sanciones, presiones e intervenciones militares. Sostiene que tales enfoques son contraproducentes y no reconocen la dinámica cambiante del poder global.

Putin sostiene que la cuestión no es sobre líderes estadounidenses individuales o sus relaciones personales con él, sino más bien sobre la mentalidad predominante de las élites estadounidenses. Sugiere que si Estados Unidos continúa buscando su dominio a través de medios contundentes, las relaciones no mejorarán, independientemente de quién sea el presidente.

Pide que Estados Unidos se adapte a los cambios objetivos en el mundo, utilizando sus ventajas sabiamente en lugar de depender de la fuerza. Sugiere que una comprensión dentro de las elites estadounidenses de que el mundo está cambiando y que se necesita un nuevo enfoque podría conducir a un cambio en la política exterior estadounidense.

A pesar de enfrentar extensas sanciones de Occidente, Putin afirma que Rusia se ha convertido en la economía más grande de Europa, lo que subraya la ineficacia de las sanciones estadounidenses y la resiliencia de la economía rusa.

Su narrativa implica que para cualquier mejora significativa en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, es necesario que haya un cambio fundamental en la mentalidad de las elites gobernantes estadounidenses hacia el reconocimiento y la adaptación al orden mundial multipolar en evolución.

Los fundamentos de la política exterior de Estados Unidos hacia Rusia

Reconoce la complejidad y el conservadurismo del sistema político estadounidense, que incluye una combinación de elementos que cambian rápidamente y dinámicas partidistas profundamente arraigadas. Señala la dificultad para comprender el proceso de toma de decisiones dentro de este marco, especialmente teniendo en cuenta los sistemas electorales únicos a nivel estatal y el dominio bipartidista.

Sostiene que la política estadounidense posterior a la Guerra Fría hacia Rusia se ha caracterizado por una presión constante, incluida la expansión de la OTAN, el apoyo al separatismo en el Cáucaso y las iniciativas de defensa antimisiles. Interpreta el impulso para integrar a Ucrania en la OTAN como una continuación de esta estrategia de presión, que considera defectuosa e injustificada.

Putin sugiere que la persistencia de esta política de presión se debe en parte al excedente de experiencia e infraestructura de la época de la Guerra Fría destinadas a enfrentar a la Unión Soviética. Critica este enfoque por considerarlo miope y aboga por una nueva perspectiva que reconozca los cambios globales y se adapte a ellos.

Al destacar el ascenso económico y geopolítico de países como Indonesia, Putin enfatiza la inevitabilidad del cambio global. Sugiere que Estados Unidos necesita reconocer su posición que cambia gradualmente en el mundo y adaptar sus políticas en consecuencia, basándose en un análisis prospectivo y en la voluntad de colaborar con las potencias emergentes.

Reiterando su postura sobre la expansión de la OTAN, Putin la describe como una violación de las promesas hechas a Rusia en la década de 1990 y una amenaza directa a la seguridad rusa. Interpreta los recientes estímulos para que Ucrania se una a la OTAN como provocaciones que ignoran los repetidos llamados de Rusia a una resolución pacífica del conflicto en Ucrania.

Afirma que la decisión de iniciar una acción militar en Ucrania fue una respuesta al conflicto en curso en la región, que atribuye a elementos neonazis y políticas ucranianas que marginaron a las poblaciones de habla rusa. También señala como factor en esta decisión los preparativos militares de la OTAN en Ucrania.

En todo momento, Putin retrata a una Rusia que reacciona a la defensiva ante las políticas agresivas y equivocadas de Occidente. Pide una reevaluación de la política exterior de Estados Unidos y un enfoque más inclusivo de la gobernanza global que respete los intereses y la seguridad de todas las naciones, incluida Rusia.

Volodymyr Zelensky y el fin del conflicto en Ucrania

Putin recuerda haber discutido con Zelensky sus antecedentes familiares de lucha contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial y cuestiona el apoyo de Zelensky a los neonazis en Ucrania. Putin cree que Zelensky inicialmente tuvo la libertad de negociar la paz, como lo demuestra su victoria electoral, que se basó en gran medida en promesas de poner fin a la guerra.

Según Putin, al asumir el poder, Zelensky optó por no enfrentarse a los neonazis y nacionalistas en Ucrania debido a su agresión y el respaldo que reciben de Occidente. Putin acusa a Zelensky de engañar a sus votantes al no cumplir su promesa de poner fin al conflicto.

Afirma que Zelensky, reconocido como presidente de Ucrania por la comunidad internacional, ciertamente tiene capacidad para negociar. Hace referencia a las negociaciones en Estambul, donde supuestamente se alcanzaron acuerdos pero luego fueron abandonados por la parte ucraniana, influenciada por el asesoramiento externo del Reino Unido.

Señala que Zelensky se ha negado públicamente a negociar con Rusia al emitir un decreto que prohíbe tales conversaciones. Sugiere que Zelensky podría simplemente revocar este decreto si desea reanudar las negociaciones, subrayando que Rusia nunca se ha negado a entablar un diálogo.

Putin critica el papel de los actores externos, mencionando específicamente al ex primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, quien supuestamente persuadió a Ucrania para que no firmara un acuerdo de paz con Rusia. Putin cuestiona la lógica detrás de tal consejo y sus implicaciones para el conflicto en curso.

A lo largo de la discusión, Putin retrata a Zelensky como inicialmente abierto a la paz, pero posteriormente influenciado tanto por presiones internas de neonazis y nacionalistas como por presiones externas de aliados occidentales.

Putin da a entender que la decisión de continuar el conflicto en lugar de negociar no fue únicamente de Zelensky sino que estuvo influenciada significativamente por el consejo de los países occidentales, particularmente el Reino Unido.

Negociar la Paz

Putin reitera que Rusia no se ha negado a entablar negociaciones y responsabiliza por la falta de diálogo a Occidente y Ucrania, a los que describe como un estado satélite de Estados Unidos. Sugiere que si Estados Unidos desea poner fin al conflicto, debería ordenar a Ucrania que regrese a la mesa de negociaciones.

Da a entender que las decisiones tomadas por el gobierno ucraniano, incluida la negativa a negociar, están influenciadas por directivas de Washington. Cree que si Estados Unidos reconoce un error al aconsejar a Ucrania que no iniciara negociaciones, debería encontrar una manera de rectificarlo.

Hace referencia a las negociaciones en Estambul, donde casi se llegó a un acuerdo, pero posteriormente se abandonó debido al consejo del entonces primer ministro británico, Boris Johnson. Considera que esto es una oportunidad perdida para la paz, alentada por la presión externa.

Al abordar la posibilidad de que la OTAN acepte el control ruso sobre territorios que formaban parte de Ucrania, Putin sugiere que existen formas dignas de resolver la situación si hay voluntad de negociar.

A pesar del conflicto en curso, Putin expresa su creencia en la eventual reconstrucción de las relaciones entre los pueblos ruso y ucraniano. Cita las conexiones culturales y espirituales, incluido el papel de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, como factores unificadores que no pueden ser cortados permanentemente por conflictos políticos o militares.

Caracteriza el conflicto como si tuviera elementos de una guerra civil, con conexiones profundamente arraigadas entre las personas de ambos lados. Comparte una anécdota para ilustrar las complejas cuestiones de identidad en juego, destacando el sentido de identidad compartido entre algunos ucranianos y rusos.

En general, Putin encuadra el conflicto en Ucrania como una trágica división exacerbada por fuerzas externas, particularmente la OTAN y Estados Unidos, y expresa su disposición al diálogo para resolver la situación. Subraya la importancia de considerar los vínculos históricos y culturales entre Rusia y Ucrania, sugiriendo que estos vínculos facilitarán en última instancia la reconciliación.

La entrevista completa aquí:

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