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EEUU teme demasiado al mundo multipolar | Biden se esfuerza por mantener un orden unipolar que ya no existe

Por Stephen M. Walt, columnista de Foreign Policy y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Harvard.

Despu�s de que Estados Unidos pasara de la oscuridad de la Guerra Fr�a al agradable resplandor del llamado momento unipolar, una variada gama de acad�micos, expertos y l�deres mundiales comenzaron a predecir, anhelar o buscar activamente el retorno a un mundo multipolar. No es sorprendente que los dirigentes rusos y chinos hayan expresado desde hace tiempo su deseo de un orden m�s multipolar, al igual que los l�deres de potencias emergentes como India o Brasil.

Y lo que es m�s interesante, tambi�n lo han hecho importantes aliados de Estados Unidos. El excanciller alem�n Gerhard Schr�der advirti� del «peligro innegable» del unilateralismo estadounidense, y el exministro de Asuntos Exteriores franc�s Hubert V�drine declar� en una ocasi�n que «toda la pol�tica exterior de Francia… tiene como objetivo que el mundo del ma�ana est� compuesto por varios polos, no solo por uno». El apoyo del actual presidente franc�s, Emmanuel Macron, a la unidad europea y a la autonom�a estrat�gica revela un impulso similar.

Sorpresa, sorpresa: Los l�deres estadounidenses no est�n de acuerdo. Prefieren las oportunidades expansivas y el estatus gratificante que se derivan de ser la potencia indispensable, y se han resistido a abandonar una posici�n de primac�a indiscutible. Ya en 1991, la administraci�n de George H. W. Bush elabor� un documento de orientaci�n en materia de defensa en el que se ped�an esfuerzos activos para impedir la aparici�n de competidores similares en cualquier parte del mundo.

Los diversos documentos sobre la Estrategia de Seguridad Nacional publicados por republicanos y dem�cratas en los a�os posteriores han ensalzado la necesidad de mantener la primac�a de Estados Unidos, incluso cuando reconocen el retorno de la competencia entre grandes potencias. Tambi�n han intervenido destacados acad�micos, algunos de los cuales sostienen que la primac�a estadounidense es «esencial para el futuro de la libertad» y buena tanto para Estados Unidos como para el mundo.

Yo mismo he contribuido a esta opini�n, escribiendo en 2005 que «el objetivo central de la gran estrategia estadounidense deber�a ser preservar su posici�n de primac�a durante el mayor tiempo posible». (Sin embargo, mis consejos sobre c�mo conseguir ese objetivo fueron ignorados).

Aunque la administraci�n Biden reconoce que hemos vuelto a un mundo de varias grandes potencias, parece nost�lgica de la breve �poca en la que Estados Unidos no se enfrentaba a competidores de su misma talla. De ah� su vigorosa reafirmaci�n del «liderazgo estadounidense», su deseo de infligir una derrota militar a Rusia que la deje demasiado d�bil para causar problemas en el futuro, y sus esfuerzos por sofocar el ascenso de China restringiendo el acceso de Pek�n a insumos tecnol�gicos cr�ticos al tiempo que subvenciona la industria estadounidense de semiconductores.

Incluso si estos esfuerzos tienen �xito (y no hay ninguna garant�a de que lo tengan), restaurar la unipolaridad es probablemente imposible.

Acabaremos en:

1) un mundo bipolar (con Estados Unidos y China como los dos polos) o 2) una versi�n desequilibrada de la multipolaridad en la que Estados Unidos es la primera entre un conjunto de grandes potencias desiguales pero a�n significativas (China, Rusia, India, posiblemente Brasil, y posiblemente un Jap�n y una Alemania rearmados).

�Qu� clase de mundo ser�a �se? Los te�ricos de las relaciones internacionales est�n divididos sobre esta cuesti�n. Los realistas cl�sicos, como Hans Morgenthau, cre�an que los sistemas multipolares eran menos propensos a la guerra porque los Estados pod�an realinearse para contener a los agresores peligrosos y disuadir la guerra.

Para ellos, la flexibilidad del alineamiento era una virtud. Los realistas estructurales como Kenneth Waltz o John Mearsheimer sosten�an lo contrario. Cre�an que los sistemas bipolares eran de hecho m�s estables porque se reduc�a el peligro de errores de c�lculo; las dos principales potencias sab�an que la otra se opondr�a autom�ticamente a cualquier intento serio de alterar el statu quo.

Adem�s, las dos potencias principales no depend�an tanto del apoyo de sus aliados y pod�an mantener a raya a sus clientes cuando era necesario. Para los realistas estructurales, la flexibilidad inherente a un orden multipolar crea una mayor incertidumbre y hace m�s probable que una potencia revisionista piense que puede alterar el statu quo antes de que las dem�s puedan combinarse para impedirlo.

Si el futuro orden mundial es el de una multipolaridad desequilibrada y si tales �rdenes son m�s propensos a la guerra, entonces hay motivos para preocuparse. Pero la multipolaridad podr�a no ser tan mala para Estados Unidos, siempre que reconozca las implicaciones y ajuste su pol�tica exterior adecuadamente.

Para empezar, reconozcamos que la unipolaridad no fue tan buena para Estados Unidos, y especialmente para aquellos desafortunados pa�ses que se llevaron la peor parte de la atenci�n estadounidense en las �ltimas d�cadas. La era unipolar incluy� los atentados terroristas del 11 de septiembre, dos guerras estadounidenses costosas y finalmente infructuosas en Irak y Afganist�n, algunos cambios de r�gimen desacertados que condujeron a Estados fallidos, una crisis financiera que alter� dr�sticamente la pol�tica interna estadounidense y la aparici�n de una China cada vez m�s ambiciosa cuyo ascenso se vio facilitado en parte por las propias acciones de Estados Unidos.

Pero Estados Unidos no ha aprendido mucho de la experiencia, dado que sigue escuchando a los genios estrat�gicos cuyas acciones dilapidaron el triunfo de Washington en la Guerra Fr�a y aceleraron el fin de la unipolaridad. El �nico freno a las acciones de una potencia unipolar es el autocontrol, y el autocontrol no es algo que se le d� muy bien a una naci�n cruzada como Estados Unidos.

El retorno de la multipolaridad recrear� un mundo en el que Eurasia contendr� varias grandes potencias de distinta fuerza. Es probable que estos Estados se miren unos a otros con recelo, especialmente cuando est�n muy cerca. Esta situaci�n da a Estados Unidos una flexibilidad considerable para ajustar sus alineamientos seg�n sea necesario, al igual que hizo cuando se ali� con la Rusia estalinista en la Segunda Guerra Mundial y cuando arregl� sus diferencias con la China mao�sta durante la Guerra Fr�a.

La capacidad de elegir a los aliados adecuados es el ingrediente secreto de los �xitos pasados de Estados Unidos en pol�tica exterior: Su posici�n como �nica gran potencia en el hemisferio occidental le proporcion� una «seguridad gratuita» que ninguna otra gran potencia pose�a, y convirti� a Estados Unidos en un aliado especialmente deseable cuando surg�an problemas graves.

Como escrib� all� por los a�os ochenta: «Para las potencias medias de Europa y Asia, Estados Unidos es el aliado perfecto. Su poder agregado garantiza que su voz se oir� y sus acciones se dejar�n sentir… [pero] est� lo suficientemente lejos como para no suponer una amenaza significativa [para sus aliados]».

En un mundo multipolar, las dem�s grandes potencias ir�n asumiendo gradualmente una mayor responsabilidad en su propia seguridad, reduciendo as� la carga global de Estados Unidos. India est� aumentando su fuerza militar a medida que crece su econom�a, y el pacifista Jap�n se ha comprometido a duplicar su gasto en defensa para 2027.

Esto no es del todo una buena noticia, por supuesto, porque las carreras armament�sticas regionales tienen sus propios riesgos y algunos de estos Estados pueden llegar a actuar de forma peligrosa o provocadora. Pero a prop�sito de mi primer punto, no es que Estados Unidos haya hecho un gran trabajo manteniendo el orden en Oriente Medio, Europa o incluso Asia en las �ltimas d�cadas. �Estamos seguros al cien por cien de que las potencias locales lo har�n peor, o de que a los norteamericanos les importar�a que lo hicieran?

Aunque la multipolaridad tiene sus inconvenientes (v�ase m�s adelante), tratar de evitarla ser�a costoso y probablemente in�til. Puede que Rusia acabe sufriendo una derrota decisiva en Ucrania (aunque eso no es en absoluto seguro), pero su enorme tama�o, su arsenal nuclear y sus abundantes recursos naturales la mantendr�n entre las grandes potencias independientemente de c�mo acabe la guerra actual.

El control de las exportaciones y los problemas internos pueden ralentizar el ascenso de China y su poder relativo puede alcanzar su punto �lgido en la pr�xima d�cada, pero seguir� siendo un actor importante y sus capacidades militares continuar�n mejorando. Jap�n sigue siendo la tercera econom�a mundial, est� iniciando un importante programa de rearme y podr�a dotarse r�pidamente de un arsenal nuclear si se viera en la necesidad de hacerlo.

La trayectoria de India es m�s dif�cil de prever, pero es casi seguro que en las pr�ximas d�cadas tendr� m�s peso que en el pasado, y Estados Unidos no tiene ni la capacidad ni el deseo de impedirlo. Por tanto, en lugar de embarcarse en un esfuerzo in�til por hacer retroceder el reloj, los estadounidenses deber�an empezar a prepararse para un futuro multipolar.

Lo ideal ser�a que un mundo de multipolaridad desequilibrada animara a Estados Unidos a alejarse de su instintiva dependencia del poder duro y la coerci�n y a dar m�s peso a la diplomacia genuina. Durante la era unipolar, los funcionarios estadounidenses se acostumbraron a abordar los problemas mediante exigencias y ultim�tums y a aumentar la presi�n, empezando con sanciones y amenazas de fuerza y recurriendo despu�s a la conmoci�n y el pavor y al cambio de r�gimen si las medidas coercitivas m�s suaves no funcionaban.

Los decepcionantes resultados, por desgracia, hablan por s� solos. En un mundo multipolar, por el contrario, incluso las potencias m�s fuertes deben prestar m�s atenci�n a lo que quieren los dem�s y esforzarse m�s por persuadir a algunos de ellos para que lleguen a acuerdos mutuamente beneficiosos. La diplomacia del «lo tomas o lo dejas» debe dar paso a enfoques m�s sutiles y a mucho m�s «toma y daca»; confiar principalmente en el pu�o cerrado s�lo conseguir� que los dem�s se distancien. En el peor de los casos, empezar�n a alinearse en la oposici�n.

No se equivoquen: Para Estados Unidos, y quiz� para todo el mundo, el futuro multipolar no est� exento de importantes inconvenientes. En un mundo de grandes potencias en competencia, los Estados m�s d�biles pueden competir entre s�, lo que significa que es probable que disminuya la influencia de Estados Unidos sobre algunos Estados peque�os.

La competencia entre las grandes potencias de Eurasia podr�a fomentar los errores de c�lculo y la guerra, como ocurri� antes de 1945. Es posible que m�s Estados decidan buscar armas nucleares, en una �poca en la que los avances tecnol�gicos pueden convencer a algunos de que esas armas podr�an ser utilizables. Ninguno de estos acontecimientos es de agradecer.

Pero suponiendo que Estados Unidos siga siendo el primero entre desiguales en un orden multipolar emergente, sus dirigentes no deber�an preocuparse en exceso. Washington estar� en una situaci�n ideal para enfrentar a las dem�s grandes potencias entre s�, y podr� dejar que sus socios de Eurasia asuman una mayor parte de la carga de su propia seguridad.

Aunque los l�deres estadounidenses han ocultado durante mucho tiempo sus inclinaciones realistas tras una nube de ret�rica idealista, sol�an ser bastante buenos en la pol�tica de equilibrio de poderes. Con el retorno de la multipolaridad, sus sucesores s�lo tienen que recordar c�mo se hace.

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