Compartimos art�culo de Bert Olivier de The Brownstone Institute, donde plantea importantes preocupaciones sobre la posible expansi�n de la autoridad de la Organizaci�n Mundial de la Salud (OMS) a trav�s de propuestas de enmiendas a sus regulaciones sanitarias internacionales. El argumento central es que estas enmiendas podr�an conducir a una forma de gobernanza que se parezca mucho al totalitarismo, caracterizada por un «control total» sobre las acciones individuales y nacionales, particularmente en el �mbito de la salud p�blica.
El concepto de totalitarismo se basa en gran medida en el an�lisis de Hannah Arendt, que enfatiza el «terror total» como un mecanismo a trav�s del cual los reg�menes totalitarios eliminan las libertades personales, principalmente restringiendo el movimiento y aislando a los individuos. Esto se asemeja a las restricciones experimentadas durante la pandemia de COVID-19, como los confinamientos y el distanciamiento social, que se consideran posibles precursores de controles m�s permanentes y generalizados.
Se advierte que la OMS, bajo la apariencia de preparaci�n y respuesta ante una pandemia, podr�a obtener el poder de declarar unilateralmente emergencias sanitarias y hacer cumplir medidas sanitarias en todo el mundo. Dichos poderes podr�an incluir imponer cierres, exigir vacunas e implementar pasaportes de vacunas, todo ello sin el consentimiento directo de los pa�ses miembros, erosionando as� la soberan�a nacional y las libertades personales.
Las implicaciones de esta autoridad ampliada se describen como de gran alcance, y podr�an permitir a la OMS dictar no s�lo respuestas a emergencias sanitarias sino tambi�n influir en aspectos m�s amplios de la vida bajo el lema de «Una Salud», que conecta la salud humana con la de los animales. ecosistemas y el medio ambiente. La cr�tica se extiende a una desconfianza m�s amplia hacia las instituciones globales, lo que sugiere una pendiente resbaladiza donde las regulaciones sanitarias podr�an servir como herramienta para un control social y pol�tico m�s amplio.
La posibilidad de tal extralimitaci�n, exige un enfoque cauteloso a la hora de otorgar m�s poder a organismos internacionales como la OMS sin suficiente supervisi�n y rendici�n de cuentas. El llamado es para que los cuerpos legislativos y los ciudadanos de todo el mundo examinen minuciosamente estas enmiendas propuestas para evitar la invasi�n de un control totalitario sobre la gobernanza sanitaria global y, por extensi�n, sobre las libertades individuales.
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Varios art�culos sobre las enmiendas propuestas a las regulaciones sanitarias internacionales de la Organizaci�n Mundial de la Salud (OMS) han aparecido aqu� en Brownstone, como esta excelente introducci�n. En consecuencia, no es necesario repetir esta informaci�n en un formato similar.
Lo que me gustar�a hacer en cambio es continuar con la pregunta de cu�les ser�an las implicaciones para la gente de todo el mundo si esta organizaci�n lograra que los representantes de los pa�ses miembros aceptaran las enmiendas propuestas. M�s espec�ficamente, �cu�les son las probables consecuencias en t�rminos del concepto y la pr�ctica del totalitarismo?
Para entender esto, uno tiene que entender el modo de gobierno llamado gobierno totalitario, por supuesto, pero dudo que la mayor�a de la gente tenga una comprensi�n adecuada del gobierno totalitario en toda regla, a pesar de haberlo experimentado recientemente hasta cierto punto bajo una �pandemia�. » condiciones. Sin embargo, si las enmiendas propuestas por la OMS se aceptaran en mayo, los ciudadanos del mundo estar�an sujetos a un totalitarismo puro, por lo que vale la pena explorar aqu� todas las implicaciones de este modo �an�nimo� de gobernanza.
Esto se hace con la esperanza de que, si los representantes del pueblo �que es lo que se supone que deben ser� en los cuerpos legislativos de todo el mundo leyeran este art�culo, as� como otros relacionados con el mismo tema, se lo pensar�an dos veces antes. apoyar una moci�n o proyecto de ley que, de hecho, otorgar�a a la OMS el derecho de usurpar la soberan�a de los pa�ses miembros. Los recientes acontecimientos en el estado de Luisiana en los Estados Unidos, que equivalen al rechazo de la autoridad de la OMS, deber�an ser una inspiraci�n para que otros estados y pa�ses sigan su ejemplo. �sta es la manera de vencer el mentiroso �tratado pand�mico� de la OMS.
En su sitio web, llamado Freedom Research, la Dra. Meryl Nass ha descrito la noci�n de la OMS de �preparaci�n para una pandemia� como una �estafa/despilfarro/caballo de Troya�, cuyo objetivo (entre otras cosas) es transferir miles de millones de d�lares de los contribuyentes a la OMS como as� como otras industrias, con el fin de reivindicar la censura en nombre de la �salud p�blica�, y quiz�s lo m�s importante, para transferir la soberan�a con respecto a la toma de decisiones para la �salud p�blica� a nivel mundial al Director General de la OMS (lo que significa que legalmente , los pa�ses miembros perder�an su soberan�a).
Adem�s, destaca el hecho de que la OMS pretende utilizar la idea de �Una Salud� para subsumir a todos los seres vivos, los ecosistemas, as� como el cambio clim�tico bajo su propia �autoridad�; Adem�s, adquirir m�s pat�genos para una distribuci�n amplia, exacerbando as� la posibilidad de pandemias al tiempo que se oscurece su origen y, en caso de que se produzcan, justificando el desarrollo de m�s �vacunas� (obligatorias) y la exigencia de pasaportes de vacunas ( y de confinamientos) a nivel mundial, aumentando as� el control (el t�rmino clave aqu�) sobre las poblaciones. Si su intento de apoderarse del poder global tuviera �xito, la OMS tendr�a la autoridad de imponer cualquier programa �m�dico� que considere necesario para la �salud mundial�, independientemente de su eficacia y efectos secundarios (incluida la muerte).
En el p�rrafo anterior puse en cursiva la palabra �control� como t�rmino clave. Lo que habr�a que a�adirle es el t�rmino �total�, es decir, �control total�. Esta es la esencia del gobierno totalitario y, por lo tanto, deber�a ser f�cil ver que lo que la OMS (junto con el FEM y la ONU) lucha por lograr es el control total o completo de la vida de todas las personas.
Nadie ha analizado y elaborado m�s a fondo el totalitarismo desde esta perspectiva que la fil�sofa estadounidense nacida en Alemania, Hannah Arendt, y su monumental estudio de este fen�meno: �Los or�genes del totalitarismo� (1951 y en formato ampliado, 1958) sigue vigente. como fuente autorizada para la comprensi�n de sus manifestaciones hist�ricas. Estos �ltimos, en los que se centra Arendt, son el nazismo y el estalinismo del siglo XX, pero no es dif�cil percibir sus rasgos en lo que hemos estado viviendo desde 2020, aunque se podr�a argumentar con fuerza que 2001 marc� su comienzo identificable, cuando (a ra�z del 11 de septiembre) se aprob� la Ley Patriota, que posiblemente sent� las bases autoritarias para un gobierno totalitario como lo percibi� claramente Henry Giroux.
Arendt (p. 274 de Harvest, edici�n Harcourt de �The Origins of Totalitarianism�, 1976) se�ala el �terror total� como la esencia del gobierno totalitario y elabora lo siguiente:
�Al presionar a los hombres unos contra otros, el terror total destruye el espacio entre ellos; comparado con la condici�n dentro de su banda de hierro, incluso el desierto de la tiran�a [que ella distingue del totalitarismo; B.O.], en la medida en que sigue siendo una especie de espacio, aparece como una garant�a de libertad. El gobierno totalitario no s�lo restringe las libertades o suprime las libertades esenciales; tampoco logra, al menos hasta donde sabemos, erradicar el amor por la libertad del coraz�n del hombre. Destruye el �nico prerrequisito esencial de toda libertad que es simplemente la capacidad de movimiento que no puede existir sin espacio�.
Leer esta evocadora caracterizaci�n del totalitarismo en t�rminos de �terror total� hace que uno se d� cuenta de nuevo, con un sobresalto, de cu�n diab�licamente inteligentes fueron los perpetradores de la llamada emergencia �pand�mica� (que no fue una pandemia real, por supuesto, como dijo el gobierno alem�n). admiti� recientemente el gobierno. Fue, por as� decirlo, el borde m�s fino de la cu�a para insinuar el �terror total� en nuestras vidas mediante la restricci�n de nuestro acceso a la libre circulaci�n en el espacio. Los �bloqueos� son la herramienta distintiva para implementar restricciones a la libre circulaci�n en el espacio.
Puede que, a primera vista, no parezca lo mismo o similar al encarcelamiento de prisioneros en los campos de concentraci�n bajo el dominio nazi, pero podr�a decirse que los efectos psicol�gicos de los encierros se aproximan a los experimentados por los reclusos de estos notorios campos en la d�cada de 1940.
Despu�s de todo, si no se le permite salir de casa, excepto para ir a la tienda a comprar comida y otros art�culos esenciales antes de regresar r�pidamente a casa, donde desinfecta diligentemente todos los art�culos que compr� (un recordatorio concreto de que aventurarse en el espacio es �potencialmente letal�): el imperativo es el mismo: �No se le permite salir de este recinto, excepto bajo condiciones espec�ficas�. Es comprensible que la imposici�n de l�mites espaciales tan estrictos engendre una sensaci�n generalizada de miedo, que eventualmente se transforma en terror.
No es de extra�ar que las pseudoautoridades promovieran, si no �ordenaran�, �trabajar (y estudiar) desde casa�, dejando a millones de personas enclaustradas en sus casas frente a las pantallas de sus computadoras (la pared de la cueva de Plat�n). Y prohibir las reuniones en p�blico, salvo algunas concesiones en cuanto al n�mero de asistentes a determinadas reuniones, fue igualmente eficaz en lo que respecta a la intensificaci�n del terror.
La mayor�a de la gente no se atrever�a a transgredir estas restricciones espaciales, dada la efectividad de la campa�a, para infundir temor al supuestamente letal �nuevo coronavirus� en las poblaciones, exacerbando el �terror total� en el proceso. Las im�genes de pacientes en hospitales, conectados a ventiladores y, a veces, mirando a la c�mara de forma atractiva y desesperada, s�lo sirvieron para exacerbar este sentimiento de pavor.
Con la llegada de las tan publicitadas pseudo-�vacunas� contra el COVID, otro aspecto que genera terror entre la poblaci�n se manifest� bajo la apariencia de una censura implacable de todos los puntos de vista y opiniones disidentes sobre la �eficacia y seguridad� de �stas, as� como de sobre la eficacia comparable del tratamiento temprano de la COVID mediante remedios probados como la hidroxicloroquina y la ivermectina. El objetivo claro de esto era desacreditar a los contrarios que planteaban dudas sobre la valorizaci�n oficial de estas curas supuestamente milagrosas para la enfermedad, y aislarlos de la corriente principal como «te�ricos de la conspiraci�n».
La visi�n de Arendt sobre la funci�n indispensable del espacio para el movimiento humano tambi�n arroja una luz nueva e inquietante sobre los planes del FEM de crear �ciudades de 15 minutos� en todo el mundo. Estos han sido descritos como �campos de concentraci�n al aire libre�, que eventualmente se convertir�an en una realidad al prohibir el movimiento fuera de estas �reas demarcadas, despu�s de un per�odo inicial de vender la idea como una forma de combatir el cambio clim�tico caminando y en bicicleta en lugar de usar autom�viles que emiten carbono.
La �preocupaci�n� del FEM y la OMS por el cambio clim�tico como una supuesta amenaza a la salud global ofrece una justificaci�n adicional para estas variaciones planificadas en las c�rceles para el encarcelamiento apenas disfrazado de millones de personas.
Sin embargo, la pertinencia actual del pensamiento de Arendt sobre el totalitarismo no termina aqu�. Tan relevante como la manera en que cultiva el terror es su identificaci�n de la soledad y el aislamiento como requisitos previos para la dominaci�n total. Ella describe el aislamiento (en la esfera pol�tica) como �pretotalitario�. Es t�pico de los gobiernos tir�nicos de dictadores (que son pretotalitarios), donde funciona para impedir que los ciudadanos ejerzan cierto poder actuando juntos.
La soledad es la contrapartida del aislamiento en el �mbito social; los dos no son id�nticos y uno puede ser el caso sin el otro. Uno puede estar aislado o apartado de los dem�s sin sentirse solo; este �ltimo s�lo aparece cuando uno se siente abandonado por todos los dem�s seres humanos. El terror, observa sabiamente Arendt, s�lo puede �gobernar absolutamente� sobre personas que han sido �aisladas unas de otras� (Arendt 1975, pp. 289-290). Por lo tanto, es l�gico que, para lograr el triunfo del r�gimen totalitario, quienes promueven su creaci�n crear�an circunstancias en las que los individuos se sientan cada vez m�s aislados y solitarios.
Es superfluo recordar a cualquiera la inculcaci�n sistem�tica de ambas condiciones en el curso de la �pandemia� a trav�s de lo que se ha discutido anteriormente, particularmente los confinamientos, la restricci�n del contacto social en todos los niveles y a trav�s de la censura, que�como se se�al� arriba�ten�a claramente la intenci�n de aislar a los individuos disidentes. Y aquellos que estaban aislados de esta manera, a menudo (si no habitualmente) eran abandonados por sus familiares y amigos, con la consecuencia de que la soledad pod�a seguir, y a veces lo hac�a. En otras palabras, la imposici�n tir�nica de las regulaciones COVID cumpli� el prop�sito (probablemente intencionado) de preparar el terreno para un gobierno totalitario al crear las condiciones para que el aislamiento y la soledad se volvieran omnipresentes.
�En qu� se diferencia el gobierno totalitario de la tiran�a y el autoritarismo, donde a�n se pueden discernir las figuras del d�spota y la influencia de alg�n ideal abstracto, respectivamente? Arendt escribe que (p. 271-272):
�Si la legalidad es la esencia de un gobierno no tir�nico y la anarqu�a es la esencia de la tiran�a, entonces el terror es la esencia de la dominaci�n totalitaria.
�El terror es la realizaci�n de la ley del movimiento; su objetivo principal es hacer posible que la fuerza de la naturaleza o de la historia corra libremente a trav�s de la humanidad, sin obst�culos por ninguna acci�n humana espont�nea. Como tal, el terror busca �estabilizar� a los hombres para liberar las fuerzas de la naturaleza o de la historia. Es este movimiento el que se�ala a los enemigos de la humanidad contra quienes se desata el terror, y no se puede permitir que ninguna acci�n libre, ya sea de oposici�n o de simpat�a, interfiera con la eliminaci�n del «enemigo objetivo» de la Historia o la Naturaleza, de la clase o de la naturaleza. la raza. La culpa y la inocencia se vuelven nociones sin sentido; «Culpable» es aquel que se interpone en el camino del proceso natural o hist�rico que ha dictado juicio sobre las «razas inferiores», sobre los individuos «no aptos para vivir», sobre las «clases moribundas y los pueblos decadentes», y antes de que el terror ejecute estos juicios. En su tribunal, todos los involucrados son subjetivamente inocentes: los asesinados porque no hicieron nada contra el sistema, y los asesinos porque en realidad no asesinan sino que ejecutan una sentencia de muerte dictada por alg�n tribunal superior. Los gobernantes mismos no pretenden ser justos o sabios, sino s�lo ejecutar leyes hist�ricas o naturales; no aplican leyes [positivas], sino que ejecutan un movimiento de acuerdo con su ley inherente. El terror es legalidad, si la ley es la ley del movimiento de alguna fuerza sobrehumana, la Naturaleza o la Historia�.
La referencia a la naturaleza y la historia como fuerzas suprahumanas pertenece a lo que Arendt (p. 269) afirma haber sido las creencias subyacentes del nacionalsocialismo y el comunismo, respectivamente, en las leyes de la naturaleza y de la historia como poderes independientes y virtualmente primordiales en s� mismos. . De ah� la justificaci�n del terror que se inflige a aquellos que parecen obstaculizar el desarrollo de estas fuerzas impersonales.
Cuando se lee atentamente, el extracto anterior pinta una imagen del gobierno totalitario como algo que se basa en la neutralizaci�n de las personas, como seres humanos, en la sociedad como agentes o participantes potenciales en su organizaci�n o en la direcci�n en la que se desarrolla. Los �gobernantes� no son gobernantes en el sentido tradicional; simplemente est�n ah� para garantizar que la fuerza sobrehumana en cuesti�n no tenga obst�culos para desarrollarse como �deber�a�.
No hace falta ser genio para percibir en la perspicaz caracterizaci�n que hace Arendt de la dominaci�n totalitaria, que ella relaciona con el nazismo y el estalinismo como sus encarnaciones hist�ricas, una especie de modelo que se aplica al car�cter totalitario emergente de lo que se manifest� por primera vez en 2020 como iatrocracia, bajo el subterfugio de una emergencia sanitaria mundial, algo bien conocido por todos hoy. Desde entonces han surgido otras caracter�sticas de este movimiento totalitario, todas ellas coherentes en lo que podr�a describirse, en t�rminos ideol�gicos, como �transhumanismo�.
Esto tambi�n encaja en la explicaci�n que hace Arendt del totalitarismo: no el car�cter transhumanista, como tal, de esta �ltima encarnaci�n del intento de unir a la humanidad en su conjunto a un poder suprahumano, sino su estatus ideol�gico. As� como el r�gimen nazi justific� sus operaciones apelando a la naturaleza (bajo la apariencia de la alardeada superioridad de la �raza aria�, por ejemplo), as� el grupo de globalistas tecnocr�ticos que impulsan el (no tan) �Gran Reinicio� apela a la idea de ir �m�s all� de la humanidad� hacia una supuesta �especie� superior (no natural) que instancia una fusi�n entre humanos y m�quinas, tambi�n anticipada, al parecer, por el artista de la �singularidad� llamado Stelarc. Hice hincapi� en �idea� porque, como observa Arendt (p. 279-280),
�Una ideolog�a es literalmente lo que su nombre indica: es la l�gica de una idea. Su tema es la historia, a la que se aplica la «idea»; El resultado de esta aplicaci�n no es un conjunto de afirmaciones sobre algo que existe, sino el desarrollo de un proceso que est� en constante cambio. La ideolog�a trata el curso de los acontecimientos como si siguiera la misma �ley� que la exposici�n l�gica de su �idea�.
Dada la naturaleza de una ideolog�a, explicada anteriormente, deber�a ser evidente c�mo se aplica esto a la ideolog�a transhumanista de la camarilla neofascista: la idea que sustenta el proceso hist�rico supuestamente siempre ha sido una especie de teleolog�a transhumanista, supuestamente (previamente oculta) el telos u objetivo de toda la historia ha sido constantemente el logro de un estado de superaci�n del mero Homo y Gyna sapiens sapiens (el hombre y la mujer humanos doblemente sabios) y la actualizaci�n de lo �transhumano�. �Es sorprendente que hayan afirmado haber adquirido poderes divinos?
Esto explica a�n m�s la falta de escr�pulos con la que los globalistas transhumanistas pueden tolerar los efectos funcionales y debilitantes del �terror total� tal como lo identifica Arendt. �Terror total� aqu� significa los efectos generalizados o totalizadores de, por ejemplo, instalar sistemas integrales de vigilancia impersonal, en gran medida controlados por IA, y comunicar a las personas (al menos inicialmente) que es por su propia seguridad. Las consecuencias psicol�gicas, sin embargo, equivalen a una conciencia subliminal del cierre del �espacio libre�, que es reemplazada por una sensaci�n de confinamiento espacial y de que �no hay salida�.
En este contexto, reflexionar sobre la posibilidad inminente de que la OMS logre lograr que los pa�ses obedientes acepten las enmiendas propuestas a sus regulaciones sanitarias arroja una mayor comprensi�n de los efectos concretos que esto tendr�a. Y estos no son bonitos, por decir lo menos.
En pocas palabras, significa que esta organizaci�n no elegida tendr�a la autoridad de proclamar cierres y �emergencias m�dicas (o de salud)�, as� como �vacunas� obligatorias seg�n el capricho del Director General de la OMS, reduciendo la libertad de viajar por el espacio. libremente al f�rreo confinamiento espacial de un solo golpe. Esto es lo que significar�a �terror total�. Tengo la ferviente esperanza de que todav�a se pueda hacer algo para evitar esta inminente pesadilla.
