Ron Paul asegura que la guerra inconstitucional e injusta de Trump contra Irán está retrasando su agenda de “asequibilidad”. La guerra ha provocado un fuerte aumento en los precios de la gasolina. Entre las preocupaciones relacionadas está el obstáculo al transporte de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, el único paso disponible para que los buques saquen el crudo del Golfo Pérsico.
El encarecimiento de la gasolina no solo afectará el surtidor. El aumento en los precios del combustible elevará los costos de transporte, que se trasladarán a los consumidores. Los precios de diversos bienes, incluyendo los alimentos, subirán.
No es de extrañar que el secretario de Energía, Chris Wright, la jefa de Gabinete de la Casa Blanca, Susan Wiles, y otros funcionarios de la administración Trump trabajen frenéticamente para desarrollar políticas que reduzcan los precios de la gasolina. Una de las opciones que se estudian es desplegar tropas estadounidenses para garantizar el paso de los buques por el Estrecho de Ormuz. Esto podría convertirse en un despliegue permanente de fuerzas de EEUU.
Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el gobierno estadounidense gasta aproximadamente 891,4 millones de dólares al día en la guerra contra Irán. Estos costos probablemente aumentarán a medida que el conflicto se prolongue y Estados Unidos incremente su presencia militar, posiblemente incluso enviando tropas terrestres a Irán.
De acuerdo con numerosos reportes de medios, la administración Trump está preparando una solicitud de financiamiento “suplementario” de 50 mil millones de dólares para la guerra contra Irán. Esta petición se enviará pronto al Congreso. Ese dinero se sumaría al presupuesto de defensa ya aprobado.
Es muy probable que el proyecto de ley suplementario se apruebe con un apoyo bipartidista abrumador. Los 50 mil millones de dólares que propone la administración Trump son solo un piso, no un techo. Senadores y representantes buscarán añadir sus propias prioridades de gasto a esta legislación “imprescindible”, mientras que los cabilderos corporativos ya preparan sus “listas de deseos” para presentárselas a los legisladores.
Los costos de la guerra contra Irán seguirán aumentando la deuda nacional, que ya supera los 38 billones de dólares y continúa creciendo.
El ritmo de incremento será mayor mientras el gobierno gaste casi mil millones de dólares diarios —o más— en una guerra de cambio de régimen en Irán.
Estos gastos ejercerán una presión adicional sobre la Reserva Federal para que mantenga bajas las tasas de interés y aumente sus compras de bonos del Tesoro con el fin de monetizar la deuda federal. La presión sobre la Fed también crecerá a medida que otros países reduzcan sus compras de deuda estadounidense.
Estas reducciones estarán motivadas por la preocupación ante la inestabilidad económica provocada por el gasto descontrolado del gobierno de EEUU y por el resentimiento hacia su política exterior hiperintervencionista. Estos factores podrían acelerar el creciente rechazo al estatus del dólar como moneda de reserva mundial. La pérdida de ese estatus provocaría una crisis del dólar que derivaría en un colapso económico peor que la Gran Depresión.
Ese colapso probablemente marcará el fin del sistema de bienestar-guerra-dinero fiat. Si este sistema es reemplazado por uno aún más autoritario o por un sistema de gobierno limitado y mucha más libertad dependerá de que quienes conocemos la verdad hagamos todo lo posible por difundir el mensaje de que la clave para la paz y la prosperidad es un sistema de mercados libres, gobierno limitado, libertad individual y relaciones pacíficas y comercio libre con todas las naciones.
Por otro lado…
La guerra en curso no se está resolviendo con bombas ni barcos de guerra, sino con siete cartas de cancelación de seguros enviadas el 5 de marzo de 2026.
Ese detalle, casi invisible para la mayoría, es el que está cambiando de facto nuestra vida cotidiana mucho más que cualquier misil. Veamos cómo este conflicto está afectando y seguirá afectando nuestra economía, nuestros gastos diarios y nuestra estabilidad en los próximos meses y probablemente años:
1. El precio de la gasolina, el transporte y todo lo que se mueve
El Estrecho de Ormuz mueve 20 millones de barriles de petróleo al día y el 20 % del gas natural licuado del planeta. Desde el 5 de marzo, el tráfico de petroleros cayó a cero. Tres cientos tanqueros están varados, mil barcos comerciales atrapados dentro del Golfo Pérsico. El resultado inmediato: el barril de Brent subió de 67 dólares a 108 dólares en una sola semana, el mayor salto registrado desde 1983.
Eso se traduce directamente en tu bolsillo:
– La gasolina y el diésel suben en todo el mundo y ya la la gente lo está viendo en el surtidor.
– El costo de transportar alimentos, medicinas, ropa y electrodomésticos aumenta de inmediato.
– Las aerolíneas, navieras y empresas de logística suben tarifas. Todo lo que llega por barco, es decir, casi todo, se encarece.
Y no es temporal. Los analistas de Wall Street esperan que dure de 2 a 4 semanas. La realidad actuarial dice que al menos será de 6 a 18 meses mínimo. Mientras los seguros de guerra no vuelvan, ningún armador se arriesga a cruzar, aunque la Armada estadounidense controle el cielo.
2. La inflación que ya está llegando a tu supermercado
El gas natural en Europa subió 64 % en una semana porque Qatar declaró fuerza mayor tras ataques iraníes. Los fertilizantes (que dependen del gas) se encarecen → suben los precios de los alimentos.
En Asia, Corea del Sur vio su peor caída bursátil de la historia porque sus refinerías se quedan sin crudo.
Eso afecta cadenas globales de suministros.
Pakistán perderá 3.000 millones de dólares al mes. Irak ya redujo 60 % su producción porque no puede sacar el petróleo.
El resultado es inflación importada que llega a México, Latinoamérica y cualquier país importador de energía. No es solo “el petróleo caro”; es que todo lo que consumes se vuelve más caro porque su transporte y producción dependen de ese petróleo.
3. El efecto dominó que dura meses
El cierre no es militar: es de seguros.
Las grandes reaseguradoras de Londres cancelaron la cobertura de guerra porque Solvency II (la norma europea) les prohíbe asumir riesgos ilimitados. Un solo petrolero perdido puede costar más de 150 millones de dólares + responsabilidad ambiental infinita.
Por eso los siete clubes P&I más grandes del mundo, que aseguran el 90 % de la flota mundial, retiraron la cobertura en 72 horas.
Aunque mañana firmaran un alto el fuego, los barcos no volverían de inmediato:
– Las reaseguradoras necesitan meses para recalcular modelos y reponer capital.
– Cada barco debe ser reasegurado uno por uno.
– Los precios de primas siguen altísimos (de 0,05 % a 3 % del valor del barco por un solo viaje).
Es como el congelamiento del mercado repo en 2008: el problema no es que el activo sea malo, sino que nadie se atreve a verificarlo. Aquí la verificación es el seguro, y cuesta más que el propio viaje.
4. El problema extra: Irán ya no tiene un solo interlocutor
Los bombardeos mataron a Jamenei y desactivaron el mando central. Ahora Irán opera con 31 comandos provinciales autónomos del IRGC. Nadie puede garantizar paso seguro porque ningún líder controla a los 31 a la vez.
China logró que dos barcos suyos pasaran diciendo “propietario chino” en el AIS, pero hasta COSCO suspendió todo. Sin un gobierno central confiable, los seguros nunca volverán. Eso alarga el problema indefinidamente.
5. ¿Cuánto tiempo más?
Los mercados apuestan a que en 2-4 semanas todo vuelve a la normalidad. La realidad es distinta:
– Los interceptores antimisiles estadounidenses se están acabando (ya quemaron cientos en 9 días; la producción es de solo 8 THAAD al mes).
– Irán sigue fabricando misiles a 50-300 por mes.
– El objetivo bélico se amplió: ahora se habla de enviar fuerzas especiales a tomar uranio enriquecido. Eso implica operaciones terrestres que pueden durar meses.
– El precedente real es el Mar Rojo con los hutíes: los seguros tardaron 26 meses en normalizarse aunque había operaciones militares continuas.
Por eso se habla de 6 a 18 meses de disrupción real. No es una guerra corta; es un bloqueo comercial estructural.
Hay otra teoría a tener en cuenta, pero igual de disruptiva
Ayer analizamos una entrevista que se le hizo al experto petrolero Anas Alhajji donde discute las preocupaciones por el petróleo en medio de los ataques contra Irán.
Alhajji recuerda que el Estrecho de Ormuz es el “cuello de botella” más crítico del mundo: por ahí pasa alrededor del 20-30 % del petróleo y gran parte del gas natural licuado que se comercializa globalmente, sobre todo desde Arabia Saudita, Irak, Emiratos, Kuwait y el propio Irán.
Alhajji explica que, aunque parezca contraintuitivo, un cierre o disrupción prolongada beneficiaría enormemente a Estados Unidos.
¿Por qué?
Porque EEUU ya no es el importador dependiente de hace 20 años: desde hace tiempo es el mayor productor de petróleo del mundo gracias al shale oil y un exportador neto.
Cuando los precios suben fuerte:
– Las empresas petroleras estadounidenses (Exxon, Chevron, las de Texas, Dakota del Norte, etc.) ganan muchísimo más dinero por barril exportado.
– Se reactiva la producción interna, se crean empleos en la industria energética y se generan ingresos fiscales extra para el gobierno.
– La economía en general se fortalece porque el “efecto riqueza” llega a estados productores y a Wall Street.
Mientras tanto, los grandes perdedores serían China, India, Japón, Corea del Sur y Europa, que siguen dependiendo fuertemente de las importaciones del Golfo.
Ellos sufrirían inflación alta, costos de transporte disparados y presión en sus economías.
Alhajji enfatiza que EEUU tiene capacidad para amortiguar el golpe, puede aumentar su propia producción o usar reservas estratégicas, mientras que sus rivales geopolíticos quedarían más debilitados.
El experto ve en este escenario una ventaja estratégica y económica tremenda para Estados Unidos: precios altos del petróleo = más dólares entrando al país, mayor independencia energética y una posición de fuerza relativa frente a Asia y Europa.
Alhajji no celebra esta crisis humanitaria ni el conflicto, pero analiza fríamente los números del mercado energético actual.
Esto lo analizaremos pronto con más detalles en www.elmercurioaon.com